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jueves, 10 de diciembre de 2015

Navidad en Familia, Por:Jesús Rosales Valladares, Politólogo

La época de Navidad representa para la mayoría de las personas y familias tiempo de alegría, de unidad y de reflexión profunda.
Los aires navideños traen consigo cambios en el ambiente, en el paisaje, en el comportamiento y en las actitudes de las personas. Pareciera que se respira un aire diferente, el entorno se ilumina con luces y colores que alegran el ánimo de las personas y de las familias.
No obstante, no podemos obviar que la Navidad actual se ha visto afectada por una incitación al consumo, a la adquisición exagerada de bienes materiales, a la búsqueda del disfrute y la satisfacción individualista y momentánea. Pero no hay que confundirse, la alegría que proviene de una adecuada compresión del espíritu de la Navidad, no se asemeja, ni en su origen ni en sus manifestaciones, al ambiente de fiesta y de placer pasajero que se suele promover en las fechas de Navidad a finales de año.
El verdadero espíritu de la Navidad tiene mucho que ver con el significado de lo que en realidad celebra, es decir, el nacimiento de Jesús en un pesebre de Belén hace más de dos mil años. Ese evento marcó la historia de la humanidad  y trajo consigo un mensaje de amor, perdón, reconciliación, esperanza, alegría, gracia y buena voluntad para todas las personas y los hogares del mundo, presentes y futuros.
Más allá de las hermosas decoraciones, de los villancicos, las luces y de las comidas propias de la época, la Navidad es un tiempo para que en cada hogar, y en el corazón de cada miembro de la familia, se represente un pesebre donde nazcan esas buenas características sustentadas en el amor, la esperanza y la buena voluntad.
Es un tiempo para compartir en familia, para acercar los corazones que, por diferentes circunstancias, se hayan distanciado. Es un tiempo para que prevalezca, por encima de todo, el amor… 
Pero sabemos que la realidad que viven muchos hogares hace que este espíritu de la Navidad no siempre pueda experimentarse. Algunos especialistas advierten que, en no pocos casos, las familias no están preparadas para compartir varios días juntos, y los indicadores registran, desafortunadamente, en esta época, un aumento de la violencia doméstica y el consumo excesivo de alcohol. Por su puesto que esta realidad presente en muchos hogares disfuncionales, no solo no corresponde el verdadero sentido que debe reinar en época de Navidad, sino que resulta, paradójicamente, en un tiempo  de tristeza y angustia para muchos niños, adolescentes, mujeres y hombres.

La sociedad actual también está constituida por familias que enfrentan rupturas y disoluciones. Esto hace que en muchos hogares, los niños y adolescentes no puedan pasar siempre estas fechas con ambos padres a la vez. En estos casos se requiere de una gran madurez por parte de los progenitores, mirar el bienestar de sus hijos por encima de todo y procurar elevar la dinámica familiar aun nivel de convivencia armoniosa y cordial, dejando atrás resentimientos, enojos, disputas y amenazas, que traen únicamente lesiones y dolor a todos los involucrados.
Todas las familias independientemente de sus circunstancias y experiencias, deben de tener en la Navidad un encuentro con el amor, la buena voluntad y la esperanza, características que provienen justamente del propio significado del nacimiento de Jesús.
Asimismo, las familias deben prepararse para que el tiempo compartido sea de provecho, crecimiento y edificación.
Por otro lado, deben advertir que, en el entorno y los contenidos mediáticos, se encontrarán una permanente invitación al consumo y al disfrute inmediato, pero que la verdadera esencia de la navidad, más bien tiene que ver con una oportunidad para fortalecer los vínculos familiares y para elevar nuestro propio nivel emocional y espiritual.

Fuente: Enfoque a la Familia

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