Visión y Misión

Visión.
Ser líder en la orientación y fortalecimiento de las familias dentro y fuera de la iglesia en la República Dominicana.

Misión.
Orientar a los miembros de la familia en el concepto de la verdadera relación y responsabilidad familiar para tener un hogar saludable, a través de la palabra de Dios.

Versículo del día

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miércoles, 18 de agosto de 2010

Eyaculación Femenina; Por: Dr. Mauro Fernández Sandí

Uno de los hallazgos más sorprendentes de los últimos años fue el redescubrimiento del punto G. Con el surgió un concepto aún mas revolucionario, cual es la presencia de una auténtica eyaculación femenina.

Es bien sabido que la mujer produce una secreción vaginal al momento de la excitación, que tiene como objetivo lubricar las paredes vaginales para que la penetración no resulte dolorosa.

Inicialmente, se creyó que el relato de muchas pacientes en el sentido de que expulsaban un líquido abundante al momento de las relaciones sexuales, hacía referencia a esa lubricación vaginal.

Sin embargo, varios investigadores se dieron a la tarea de estudiar detalladamente el fenómeno y se llegó a la conclusión que en algunas mujeres, además de la lubricación vaginal, se produce la salida de un líquido a través de la uretra o caño de la orina, al momento de la relación sexual.

Este líquido no es orina. Física y químicamente difiere de las características urinarias y su salida a través de la uretra descartan la posibilidad inicial de que sea simplemente lubricación vaginal.

La eyaculación femenina acontece justo cuando sucede el orgasmo, sobre todo en las mujeres conocedoras de las técnicas de estimulación del punto G.

Esta información es muy útil a nivel clínico, en el sentido de que algunas mujeres creen que se orinan con las relaciones sexuales y esto les provoca fuertes inhibiciones en su desempeño sexual.

Por otra parte, varias pacientes han sido operadas de la vejiga, porque tanto el médico como la paciente creían que se trataba de un caso de incontinencia urinaria.

Sabemos que no es una incontinencia urinaria porque se produce aun cuando la mujer ha orinado antes de la relación sexual. Además, a diferencia de la incontinencia urinaria clásica, esta salida de líquido solo se produce con el acto sexual y no con los esfuerzos físicos.

A nivel vivencial, las parejas presumen que no se trata de orina, básicamente porque esta secreción no huele a orina, y aun cuando es abundante y moja las prendas de cama, no se acompaña de ese olor urinario tan "sui generis".

Desde el punto de vista médico, el diagnóstico es relativamente sencillo. Se le pide a la pareja que recoja una muestra del líquido y se analiza microscópicamente para diferenciarlo de la orina.


Hay que ser claros: No todas las mujeres presentan la eyaculación femenina, y en muchos casos es un problema en la retención de la orina. Lo que es cierto es que un grupo considerable de mujeres experimentan este fenómeno, que es visto por ambos miembros de la pareja como un deleite más en el mundo de los placeres del sexo.

El Dr. Mauro Fernández Sandí es Médico Cirujano, Ginecólogo Obstetra, Sexólogo y Educador.

Fuente: http://www.geosalud.com/

domingo, 15 de agosto de 2010

Frecuencia de las Relaciones Sexuales - La Ley de Fisher; Por: Dr. Mauro Fernández Sandí

Uno de los temas más frecuentes en la consulta sexológica versa en torno a la frecuencia de relaciones sexuales. Son muchas las parejas que se preguntan ¿cuánto es lo normal?, pero también son numerosas las que desean aumentar su frecuencia.

Sobre este tema hay algunos comentarios pertinentes. Por un lado, mantener muchas relaciones sexuales, incluso diariamente, no representa ningún problema para la salud, ni debilita físicamente y mucho menos mentalmente.

Otro aspecto importante por destacar, es que la sexualidad no se comporta como las otras necesidades físicas en las que la satisfacción de la necesidad calma el deseo. Es decir, cuando tenemos hambre, ésta se nos quita comiendo, pero no funciona exactamente igual con el sexo.

Fisher, prominente investigador canadiense, describe que si una persona mantiene, por ejemplo dos coitos, por semana; cuando disminuye su frecuencia a una o menos, inmediatamente siente un aumento en el deseo sexual que lo insta a la intimidad. Pero si el individuo, por diversas razones, no reasume las relaciones sexuales por un largo periodo, entonces el deseo disminuye y puede llegar hasta desaparecer.

Lo contrario también es cierto. Cuando una persona tiene una frecuencia dada, tomemos el mismo ejemplo, dos relaciones por semana y por diversas circunstancias aumenta a siete por semana; inmediatamente siente una saciedad sexual. Sin embargo, si continua con esa frecuencia, el cuerpo no solo se adapta sino que hasta le pide más.

Así, entre más relaciones sexuales mantenga una pareja, más relaciones sexuales le pedirá su cuerpo. Mientras menos relaciones sexuales se sucedan, el cuerpo pedirá cada vez menos, hasta el punto de llegar a abolirse el deseo sexual.

Esto explica muchos fenómenos que pasan en la vida de las parejas. Muchas veces un distanciamiento emocional o físico, por ejemplo como el que condicionan algunas enfermedades o los conflictos de pareja, sin son de larga data, pueden provocar una disminución en el deseo sexual. En esas circunstancias el cuerpo no pide, no requiere, no exige ni demanda la vida sexual.

Cuando las condiciones que provocaron ese distanciamiento han sido superadas, las parejas se dan cuenta que hay gran menoscabo en su vida sexual. La sexualidad deja de figurar entre sus apetitos y muchas veces se mantiene una vida de pareja "como entre hermanos". Hay una enorme compatibilidad en el cada día pero no hay una necesidad de acercamiento sexual.

Ante estas circunstancias, en la actualidad se han diseñado una serie de programas de "sexualización", destinado a que esas parejas recuperen el deseo sexual perdido.

El Dr. Mauro Fernández Sandí es Médico Cirujano, Ginecólogo Obstetra, Sexólogo y Educador.

Fuente: http://www.geosalud.com/

jueves, 5 de agosto de 2010

Lo que la mujer admira en un hombre

1. Escucha lo que ella está realmente diciendo.
2. Toma responsabilidad por tus faltas.

3. Busca el perdón de tu esposa.

4. Recibe con gratitud el consejo de ella.
5. Sé su protector:
a. Averigua en qué área tu esposa necesita protección.
b. Averigua cuáles son sus limitaciones físicas.
c. Comprométete más con el bienestar económico de tu familia.

6. Toma consejo de (1 Tesalonicenses 5:11, 15) “11 Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis. 15 Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos.”

7. Nunca olvides la razón por la que Dios creó a tu esposa: (Génesis 2:18) “Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.”

Seis maneras como puedes mejorar tu relación con tu esposa

1. Esfuérzate por comprender las maneras en las que has herido u ofendido a tu esposa.

2. Admite la parte importante que has jugado en el debilitamiento de tu matrimonio. Tu esposa no es la única culpable.

3. Expresa a tu esposa que estás arrepentido en el momento en que la ofendas.

4. Busca su perdón por tu comportamiento ofensivo.

5. Hazle ver a ella tus esfuerzos constantes y sinceros por corregir las acciones o palabras ofensivas.

6. Llega a ser un cónyuge más responsable y amante sin importar lo que haga tu esposa. Tal es la base del amor verdadero: hacer lo que está bien pese a lo que la otra persona haga o diga.

La Flor y la Familia

Había una joven muy rica, que tenía de todo, un marido maravilloso, hijos perfectos, un empleo que le daba muchísimo bien y una familia unida.
Lo extraño es que esta joven no conseguía conciliar todo eso, el trabajo y los quehaceres le ocupaban todo el tiempo y su vida siempre estaba deficitaria en algún área.
Si el trabajo le consumía mucho tiempo, ella lo quitaba de los hijos, si surgían problemas, ella dejaba de lado al marido... Y así, las personas que ella amaba eran siempre dejadas para después.
Hasta que un día, su padre, un hombre muy sabio, le dio un regalo: Una flor carísima y rarísima, de la cual sólo había un ejemplar en todo el mundo. Y le dijo:
- Hija, esta flor te va a ayudar mucho, ¡más de lo que te imaginas! Tan sólo tendrás que regarla y podarla de vez en cuando, y a veces conversar un poco con ella, y ella te dará a cambio ese perfume maravilloso y esas maravillosas flores.
La joven quedó muy emocionada, a fin de cuentas, la flor era de una belleza sin igual.
Pero el tiempo fue pasando, los problemas surgieron, el trabajo consumía todo su tiempo, y su vida, que continuaba confusa, no le permitía cuidar de la flor.
Ella llegaba a casa, miraba la flor y las flores todavía estaban allá, no mostraban señal de flaqueza o muerte, apenas estaban allá, lindas, perfumadas. Entonces ella pasaba de largo.
Cierto día, como de costumbre, ella llegó a casa y... ¡cuan grande fue la sorpresa! Ahí estaba la flor, pero con sus pétalos caídos, rodeada de pétalos secos y sus raíces resecas. ¡La flor había muerto!
La joven lloró mucho, y contó a su padre lo que había ocurrido. Su padre entonces respondió:
- Yo ya me imaginaba que eso ocurriría, y, desdichadamente, no tengo otra flor igual que darte, porque no existe otra igual a esa, ella era única, al igual que tus hijos, tu marido y tu familia. Todos son bendiciones que el Señor te ha dado, pero tú tienes que aprender a regarlos, podarlos y darles atención, pues al igual que la flor, los sentimientos también mueren.
Te acostumbraste a ver la flor siempre allí, siempre florida, siempre perfumada, y te olvidaste de cuidarla.
¡Cuida a las personas que amas!
Acuérdate siempre de la flor y el cuidado que necesita. La familia es una de las bendiciones más grandes que el Señor nos ha dado, pero nosotros tenemos que cuidarla.

domingo, 25 de julio de 2010

¿Qué clase de hombre?, Por: John Yates

¿Quién es más importante, mamá o papá? los hombres y mujeres de la sociedad de hoy vive en constante lucha por demostrarse mutuamente quién es más valioso o superior. Y esa lucha de poder ha acarreado grandes males al seno familiar y a la sociedad. Dice Dios que ambos somos iguales en dignidad pero con roles muy especificos, es hay donde nos complementamos, cuando unimos fuerzas, cuando compartimos roles, no cuando los intercambiamos. Nos toca a nosotros PADRES iniciar el proceso de reestructuración, Hoy es un excelente día para comenzar, solo falta tu firme decisión. Aquí les dejamos PADRES algo para reflexionar. Dios es nuestro mejor modelo de padre y esposo. Mil FELICIDADES y BENDICIONES del ALTISIMO.
Hay por lo menos tres tipos de hombre: “hombre mujeriego”, “hombre varoni” y “hombre de Dios”.En algun momento todo varon tiene que decidir que clase de hombre aspira ser.
Un “hombre mujeriego” busca la admiración y la atención de las mujeres. Es siempre conciente de cómo se encuentra con el sexo opuesto. Se viste para atraer a ellas y busca la relación femenina constantemente. Su meta es la satisfacción sexual. Eros es, en lo profundo de su ser, lo que le impulsa hacia la mujer. Aunque muchas veces es soltero, el matrimonio no transforma necesariamente a un hombre mujeriego en un hombre de familia. Muchas familias quedan destruidas porque el padre no abandono su tendencia a ser un hombre mujeriego.
Aspirar a ser un “hombre varonil” es, pienso, una meta más noble que ser un hombre mujeriego. El hombre varonil desea el respeto de otros hombres. Quiere ser escuchado y admirado por los otros hombres de su grupo, ser altamente estimado y exitoso en los ojos de otros hombres. El hombre varonil trabaja duro en su trabajo y en su recreo. Así como la mayoría de los hombres a veces se siente inseguro en relación con el sexo opuesto, de igual manera no nos sentimos completamente seguros con otros hombres. Como queremos estarlo nos esforzamos para ser aceptados y respetados por nuestro trabajo, nuestra reputación, y nuestro trato con los demás.
En el mejor sentido de la frase, un hombre varonil es el que ha crecido hasta el punto de sentirse seguro de sí mismo. Es firme sin ser prepotente. Es sincero y auténtico sin ser exhibicionista. Es compasivo pero no sentimental; honrado y cumplidor de su palabra. Es humilde y dispuesto a aceptar la responsabilidad de sus fracasos sin buscar excusas.
Alcanzar sus metas, esta dedicado a la excelencia, confía en sí mismo; pero no es un temerario. Es admirable, sin ser confianzudo. Es la clase de hombre que nos gusta tener como amigo; el tipo de hombre que nosotros queremos ser.
Un hombre varonil cree que el carácter es más importante que el “éxito”. El no sigue a la gente que va en una dirección opuesta. Es suficientemente sabio para no aceptar rumores, ni hacer juicios precipitados, ni para juzgar solamente por las apariencias.
Conoce su mente, se dedica a sus propias metas; pero está dispuesto a someter sus deseos al bien de la comunidad como un todo.
Ser estimado como un hombre varonil es un auténtico honor. Pero esto, a largo plazo, es una meta insuficiente para que un hombre la persiga si quiere llegar a ser todo lo que puede ser. Porque de que si es cierto de que hay Dios, si Dios es personal y puede ser conocido, si Dios se interesa por nosotros individualmente; si él otorga dones particulares a los hombres y designa nuestros llamamientos y destinos individuales; si Dios nos ofrece su amistad, su dirección y fortaleza; y si somos creados por él en su imagen y semejanza, entonces no es suficiente ser un hombre varonil; porque incluso el hombre varonil permanence incompleto a menos que conozca a Dios. Nuestra meta más noble y elevada es ser un hombre de Dios.
¿Qué significa ser un un hombre de Dios? Significa ser un hombre varonil, pero más todavía. Ser un hombre de Dios quiere decir ser un amigo y siervo de Dios que quiere, por encima de todo, hacer la voluntad de Dios. El hombre de Dios sabe que el camino de Dios es el major y confía en él, y se dedica por tanto a discernir, lo major que puede, la voluntad de Dios en cada situación. El ve su vida, sus habilidades, sus posesiones, familia como dones que el Señor le ha confiado. Todo lo que tiene le pertenece a Dios. Vivir a la manera de Dios le importa más que cualquier otra cosa. A medida que madura se hace más conciente de sus debilidades, y cuando le falla a Dios o a otros, lo reconoce con dolor y humildad. Está dispuesto a aprender de cualquier persona y en cualquier situación. Él conoce su propia necesidad del Salvador y, por consiguiente, no condena ni se desespera cuando otros demuestran su propia necedad y condición caída. Es paciente, persistente y consecuente en su compromiso de vivir conforme a los principios de Cristo. Cuando no llega a la altura de lo que Dios espera de él, no por eso se condena sino que llora en su interior por no ser todavía todo lo que Dios quiere de él.
El hombre de Dios no es una copia calcada de otro. Es un original que no deja que otros piensen por él, que busca siempre aplicar la mente de Cristo y la perspectiva de Dios a todas las decisiones, planes y relaciones que tiene que enfrentar. El es un hombre de Dios. ¿Qué clase de hombre eres tú?

sábado, 10 de julio de 2010

¿Qué esperan las mamás del papá de sus hijos?

Las mujeres desean sentirse más que acompañadas en el desarrollo de su rol materno. Desean conformar un equipo con su pareja. Que ambos se involucren en la educación, en la disciplina, en la salud, en lo económico; en fin, en todas aquellas cosas que implica el tener hijos.

En nuestra cultura, muchos padres se abocan a desempeñar la función de proveedor, o sea aquél que se dedica a trabajar fuera de la casa para llevar el sustento material al hogar y delegan las tareas de educación, crianza y salud de los hijos a las esposas. Incluso, en muchas parejas donde la mamá tiene un empleo remunerado, el papá se dedica solo a aportar económicamente y de esta manera, la mamá desempeña una doble función, trabajar fuera de casa y trabajar dentro de ella, sobre todo en lo que tiene que ver con la crianza de los niños.

Las mujeres desean y necesitan que sus esposos dediquen parte de su tiempo, no solo a producir económicamente, sino a generar emocionalmente; o sea, que se dediquen a jugar con los niños, a disciplinarlos, a llevarlos y traerlos de la escuela, a sentarse con ellos a hacer los deberes escolares, a brindarles su afecto y presencia, entre otras cosas.

De igual forma, las mujeres necesitan sentir que conforman un equipo con su pareja, pues esto les brinda mucha seguridad y confianza; además, esperan que el papá de sus hijos sea un hombre que la acompañe, que la apoye y que le ame, en todo el proceso de tener y criar niños.