Visión y Misión

Visión.
Ser líder en la orientación y fortalecimiento de las familias dentro y fuera de la iglesia en la República Dominicana.

Misión.
Orientar a los miembros de la familia en el concepto de la verdadera relación y responsabilidad familiar para tener un hogar saludable, a través de la palabra de Dios.

Versículo del día

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lunes, 12 de octubre de 2009

El Desafío del Amor, Día 3; Por: Alex Kendrick

El desafío de hoy
Día 3


Las cosas a las que le dedicas tu tiempo, tu energía y tu dinero, cobraran más importancia para ti. Es difícil que te importe algo en lo que no inviertas. Además de refrenarte de los comentarios negativos, cómprale algo a tu cónyuge que le comunique: "HOY ESTUBE PENSANDO EN TI". "Sed afectuosos unos con otros con amor fraternal, con honra daos preferencia unos a otros." (Romanos 12:10)

"El amor todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca dejará de ser." (1 Corintios 13).

domingo, 11 de octubre de 2009

El Desafío del Amor, Día 2; Por: Alex Kendrick

El desafío de hoy
Día 2


La amabilidad es el amor en acción. El amor te hace amable y la amabilidad te hace agradable. La dulzura, el servicio y la buena disposición, son actos de amabilidad. Hoy también además de no decirle nada negativo a tu cónyuge, realiza al menos un gesto inesperado como acto de amabilidad.

"El amor todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca dejará de ser." (1 Corintios 13).

sábado, 10 de octubre de 2009

El Desafío del Amor, Día 1; Por: Alex Kendrick

Cuarenta días para comprender, practicar y afianzar el amor incondicional en la pareja.
Demasiados matrimonios terminan cuando uno de los cónyuges dice "ya no estoy enamorado de ti" o "ya no te amo". En realidad tales afirmaciones revelan una falta de comprensión con respecto a la naturaleza fundamental del amor.
El desafío del amor, aparece en la nueva y popular película cristiana: “A prueba de fuego (fireproof)”.
Consiste en una experiencia devocional guiada de cuarenta días que te conducirá a volver a amar de verdad a tu cónyuge y a aprender más sobre el diseño, la naturaleza y la fuente del verdadero amor.
Cada lectura diaria incluye un aspecto singular del amor y presenta "un desafío" especifico para hacer por tu cónyuge. (Algunos serán muy fáciles, otros muy difíciles). No importa si crees que tu matrimonio esta al borde del abismo o que es tan fuerte y resistente como un gran peñasco, esta bella experiencia te ayuda a alejarlo de la orilla del precipicio o ha fortalecerlo como un roble, además de que descubrirás la verdadera intimidad y la manera de edificar un matrimonio dinámico.
El gobierno y/o el cuidado de la casa comienza con nuestra relación de pareja, toda la estabilidad del hogar depende de esto. ¡Atrévete a enfrentar el desafío!

El desafío de hoy
Día 1

La primera parte de este desafío es bastante simple. Aunque el amor se comunica de distintas maneras, nuestras palabras a menudo reflejan la condición de nuestro corazón.
El desafío de hoy: durante este día, decide demostrar paciencia y no digas nada negativo a tu cónyuge. Si surge la tentación, elige no decir nada. Es mejor contenerte que expresar algo que luego lamentaras.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Razones para dormir y despertar temprano

De las 9:00-11:00 p.m.: es el horario en el que el cuerpo realiza actividades de eliminación de químicos innecesarios y tóxicos (desintoxicación) mediante el sistema linfático de nuestro cuerpo.
Este horario del día debe utilizarse en encontrar un estado de relajación.
Generalmente, en el horario enunciado, las madres realizan actividades tales como limpiar la cocina, monitorear que todo esté listo para la actividad del día siguiente, etc., que alejan la relajación, lo que genera un efecto negativo para la salud.
De las 11:00 p.m.-1:00 a.m., el cuerpo realiza el proceso de desintoxicación del hígado, e idealmente debe ser procesado en un estado de sueño profundo.
Durante las primeras horas de la mañana, 1:00-3:00 a.m., se da el proceso de desintoxicación de la vesícula biliar, que idealmente debe suceder también en un estado de sueño profundo.

Temprano en la mañana, 3:00-5:00 a.m., se desintoxican los pulmones. Es por esto que en ocasiones en este horario se producen accesos severos de tos. Cuando el proceso de desintoxicación ha alcanzado el tracto respiratorio es mejor no tomar medicamentos para la tos ya que interfieren en el proceso de eliminación de toxinas.

En la mañana, 5:00-7:00 a.m., ocurre la desintoxicación del colon; es el horario de ir al baño a vaciar el intestino.

Durante la mañana, de 7:00-9:00 a.m., absorción de nutrientes en el intestino delgado.
Es el horario perfecto para tomar el desayuno. Si estás enfermo, el desayuno debe tomarlo más temprano, antes de las 6:30 a.m. El desayuno antes de las 7:30 a.m. es beneficioso para aquellos que quieren mantenerse en forma. Quienes siempre se saltan el desayuno, deben procurar cambiar el hábito. Lo menos dañino es desayunar entre las 9:00 y 10:00 a.m., en lugar de privarse del mismo.
Dormirse tarde y despertar tarde interrumpirá el proceso de desintoxicación de químicos innecesarios de tu organismo. Además de eso, debes tener en cuenta que de las 12:00 a las 4:00 a.m. es el horario en el que la médula ósea produce la sangre. Así que procuras dormir bien y no lo hagas tarde.

Sexualidad y fe en la adolescencia, Por: Claire de Mezerville

¿Cómo es la fe del adolescente? Miguel Leitón, especialista en el programa para adolescentes Sin Excusas describe cómo los jóvenes buscan fórmulas, es parte de la etapa: se aprende sobre la vida y sobre el mundo por medio de la búsqueda de respuestas concretas. Es parte del proceso para encaminarnos hacia una espiritualidad madura y saludable, que nos motiva a creer que Dios busca una relación personal con sus hijos y sus hijas: una relación en la que exista entrega, convicción de que Él nos ama, certeza de que, en la medida en la que nos acerquemos a Dios –a través de hablar con Él, a través de leer la Biblia-, en esa medida podremos conocerlo más. Podremos descubrir Él ya se acercó a nosotros.
El fortalecimiento de la fe es imprescindible en la etapa maravillosa y volátil de la adolescencia. Hay un despertar a sensaciones nuevas, emociones distintas y muchas inquietudes. ¡Dios nos ha hecho con la capacidad de sentir y de experimentar cosas! En su trabajo con jóvenes, Miguel Leitón enfatiza como Dios mismo fue quien puso en nosotros la capacidad de “sentir bonito” cuando damos un beso; la capacidad de que un hombre pueda ver el cuerpo de una mujer y admirarlo; la capacidad de una mujer para ver el cuerpo de un hombre y admirarlo. ¡Dios mismo es el que nos da la capacidad de amar! ¿Cuál es el lugar de Dios en esta edad, ante el despertar de la sexualidad?
Leitón prosigue explicando como una fe sólida ayuda a los jóvenes a entender que hay dos formas de expresar la sexualidad: puede expresarse de acuerdo a lo que Dios quiere, por medio del respeto, la dignidad y la honestidad; o dejándose llevar por las pasiones humanas. Si un joven se deja llevar por las pasiones humanas, es posible que se meta en problemas. Esto puede ilustrarse con un ejemplo: si una persona va conduciendo por la carretera y ve un rótulo en el que se regula la velocidad, el rótulo no es un rótulo que va a “aburrir su vida”. Esa señal existe con el propósito de proteger a las personas. Así también Dios nos ha puesto señales para proteger nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu.
Para empezar, la sexualidad no fue creada para sufrir. Dios hace la sexualidad para que los jóvenes, hombres y mujeres por igual, disfruten, pero que la disfruten dentro del marco que Él ha establecido, con las señales que nos ha dado. En las charlas de Sin Excusas, Leitón comparte como una señal que Dios nos dio para poder expresarnos plenamente, en forma física y emocional con entrega y deseo, es el matrimonio. Dios es tan bueno que nos dice: “¡Cuidado con ese beso!, ¡cuidado con esa caricia! …porque esa caricia es mejor que la expreses en el matrimonio.” Si un joven es atento a esas señales, va a disfrutar la sexualidad. Si no quiere respetar las señales, puede meterse en graves problemas. Y será su responsabilidad, las consecuencias no se le pueden atribuir a Dios.

Sexualidad y conductas de riesgo
Hablar de sexualidad es hablar de emociones, metas, inquietudes, miedos. Aunque podemos decir que la adolescencia va desde los 11, 12 años, hasta los 20, 21 años, cada edad es un universo en sí misma. No es lo mismo tomar decisiones sobre la sexualidad cuando el joven tiene 13 años, que cuando tiene 19 años. Según Leitón, lo primero que los muchachos necesitan tomar en cuenta es que hay situaciones que son de riesgo. Por ejemplo: fiestas, conciertos masivos, estar a solas con el novio o con la novia, ambientes en los que hay presencia de licor o presencia de drogas. Inclusive necesitamos criterio para identificar si hay un descontrol personal al estar con otra persona que nos atrae, -¿qué significa eso? Cuando, al estar con una persona atractiva, ambos quedan a merced de sus emociones.
Las fiestas, los conciertos y otros ambientes donde hay presión de grupo son espacios en los cuales cada uno de nosotros debe tomar decisiones, ¡decisiones muy importantes! Debemos tener muy claro que la diversión no tiene que estar relacionada con contactos sexuales o con actividades sexuales.
Al ir a una fiesta, se deben considerar varias recomendaciones, de acuerdo con Miguel Leitón y su experiencia como conferencista y orientador de jóvenes: los adolescentes necesitan tomar las propias decisiones antes de ir a la fiesta -“no voy a tomar licor, no voy a fumar, etc.”
Cuando actuamos de acuerdo con nuestros principios, aprendemos a desarrollar carácter y voluntad. Las dos van de la mano: carácter es entendido como la claridad personal y consistencia conductual, con respecto a las propias convicciones. La voluntad es la capacidad de decir “no” y “sí” cuando es pertinente y saber que estamos buscando hacer lo correcto: esto fortalece nuestra voluntad. La otra recomendación de Leitón consiste en que, una vez que los jóvenes estén en la fiesta, si las circunstancias amenazan con salirse de control, es huir o salir corriendo. Si vemos que hay una situación de peligro que se puede salir de control, es preferible que después nos digan miedoso durante cinco minutos, a quedar embarazados, sufrir una enfermedad, o llevarnos un susto inadecuado.

El noviazgo en la adolescencia
Un noviazgo debe desarrollarse en un marco de respeto, honestidad, y claridad con respecto a la forma en la que van a manejar lo sexual. No es recomendable que sea únicamente un “dejarse llevar por las emociones”. Si ambos saben que no es buena idea tener relaciones sexuales, es importante que puedan hablar sobre el tema, para decidir como cuidarse mutuamente ante el deseo y atracción que experimentan –estas emociones, en sí mismas, no son malas, pero requieren de voluntad para perseverar en las decisiones de su proyecto de vida-.
Una de las cosas que Leitón explica a los jóvenes es que existen espacios en los que los novios pueden disfrutar de algunos momentos a solas, pero la mayoría de los tiempos deben estar cerca de amigos o de familia: así también pueden conocerse mejor. Es prudente evitar lugares oscuros y caricias que provoquen descontrol. ¡Hay caricias que son mortales! También es importante medir el calor de los besos. Ahora bien, no se trata de basar el noviazgo en represión o en temor: si los novios no se dan caricias se están perdiendo de algo muy bonito. Lo que sí es necesario tomar en cuenta es que hay besos que pueden acelerar los procesos de excitación física, por lo que es mejor tener cuidado.
En esencia, prosigue Leitón, se trata de que los novios adolescentes puedan decir: “no somos invulnerables, a nosotros nos puede pasar algo. Podemos quedar embarazados, tener una enfermedad de transmisión sexual, estropear nuestro proyecto de vida, herir nuestros sentimientos o traernos abajo nuestra relación. Como a nosotros nos pueden pasar todas esas cosas, nos vamos a cuidar.” Es importante que, dentro del mismo noviazgo aprendan a tener límites. Si la otra persona no quiere respetar los límites de su pareja, entonces esa persona ya está diciendo mucho de él o de ella, al no respetar a su novio o novia, ni el futuro de la relación. Esas personas es mejor perderlas que encontrarlas.

Creciendo como adolescentes “normales”
No debemos olvidar los riesgos presentes y concretos de embarazos y enfermedades de transmisión sexual. Hay muchachos que creen que no les va a pasar nada al tener experiencias sexuales prematuras. Se dejan llevar por mitos, como por ejemplo, el mito que dice que en la primera relación sexual la mujer no puede quedar embarazada. ¡Mentira! La primera vez, la mujer sí puede quedar embarazada. O el mito que dice que la sexualidad activa es una necesidad biológica y si no se da, las personas se vuelven locas. Estos mitos son riesgos para los jóvenes, si tenemos en consideración el gran deseo de los adolescentes de “ser normales”.
En la adolescencia buscamos forjar nuestra identidad y hay un fuerte deseo de “ser normal”. Si los muchachos entendieran “ser normal” como “estar bien” o “desarrollarse saludablemente”, en lugar de “complacer a los otros” o “hacer lo que hace la mayoría”, no se sentirían tan presionados para hacer cosas que les pueden hacer daño. En diversas ocasiones, Miguel Leitón ha expresado a audiencias adolescentes que lo que todo el mundo hace no siempre es normal. Si entendemos lo “normal” como “ser una persona segura, integral y feliz”, entonces –contrario a lo que muchos piensan-, ser normal sería equivalente a llevar nuestra vida de forma que agrademos a Dios. Una persona que está bien, en su mente, en su cuerpo y en su espíritu, busca agradar a su Creador; respetar a las personas que le aman y que buscan su bienestar, y desarrollarse en ambientes en los que pueda crecer sanamente como hombre o como mujer. La adolescencia es la búsqueda de respuestas concretas. En lo que se refiere a sexualidad, la respuesta concreta se llama “proyecto de vida”; en lo que se refiere a fe, la respuesta concreta es: “Dios siempre ha estado a tu lado, sólo espera que te vuelvas y mires su rostro”.

Salud Integral, Por: Maritza Ulate

El comienzo de un nuevo año con frecuencia es el momento en que establecemos con entusiasmo nuevas metas en distintas áreas de nuestra vida. Las hay de distintos tipos: relacionales, laborales, académicas, espirituales; sin embargo, las que tienen que ver con la salud y estado físico, son las que parecen tomar un lugar prominente en los propósitos para este periodo que comienza.
A la vez, es frecuente que estas aspiraciones, se centren de forma más enfática en la apariencia física que en lograr un estado físico saludable y de equilibrio. Algunas de las razones del por qué prevalece esta perspectiva es que actualmente se le confiere una extraordinaria importancia al cómo nos vemos.
Esta perspectiva, de sobreponer el aspecto exterior de acuerdo a las demandas sociales guiadas por las tendencias culturales del momento, podrían, en algunos casos, incluso llegar a poner en riesgo el bienestar físico, emocional y espiritual de las personas.

El ser humano, un ser integral
Con el fin de evitar una visión tan orientada al aspecto físico, se hace necesario tener presente que los seres humanos somos seres conformados por distintos ámbitos que interactúan y se afectan entre sí. La persona es más que su apariencia y aún más que sus emociones, conductas y pensamientos. Los seres humanos somos seres integrales y estamos conformados por tres ámbitos principales: la dimensión física (biológica); la dimensión espiritual y la dimensión psicológica (pensamientos, conductas y emociones).

• La Dimensión Física: La dimensión física se refiere a todo lo relativo al cuerpo, cómo funciona, su etapa del desarrollo, qué cosas lo afectan, así como las sensaciones de dolor, placer, y acción – reacción.
• La Dimensión Psicológica: Comprende los sentimientos: las creencias, atribuciones y expectativas con respecto a uno mismo, al mundo y a los demás, de la mano de las reacciones emocionales que se experimentan ante ciertas situaciones, así como los comportamientos.
• La Dimensión Espiritual: La dimensión espiritual se refiere a la parte que alimenta y fortifica al ser humano; se trata del principio vital en el que se toman las propias decisiones y donde radica la libertad y voluntad. Esta dimensión se alimenta de una relación personal con Dios y determina los principios pertinentes para decidir acerca de los comportamientos buenos o malos.
Cada una de esas dimensiones de la vida actúa en forma simultánea y dinámica con las demás. Por lo tanto, al plantearnos una meta relacionada con el mejoramiento de cualquiera de estos tres ámbitos, se deben tomar en cuenta también los otras áreas a fin de alcanzar un verdadero bienestar integral; no hacerlo es engañoso y en muchas ocasiones puede implicar la experimentación de vacíos, decepción o confusión.

El ser humano, un ser en constante cambio
Sin perder de vista las tres dimensiones abordadas, también es indispensable tener presente que las personas experimentan procesos de constante cambio. La naturaleza de estos procesos son variados, entre ellos podemos mencionar: cambios relacionados con los procesos naturales de tipo biológico, cambios relacionados con la adquisición de saber y conocimiento, procesos impulsados y orientados por factores exógenos relacionados con la cultura y sociedad en que vivimos, cambios relacionados con las relaciones interpersonales que tenemos y establecemos, etc.
Procurar metas que propicien bienestar integral
El alcance de metas propuestas con miras a una mejor salud requiere, primero que nada una motivación correcta, una decisión sostenible en el tiempo y el establecimiento y ejecución de un plan que permita la consecución de cada una de esas metas. En cada uno de esos pasos, como ya se ha mencionado, es indispensable tomar en cuenta las tres dimensiones esenciales: física, psicológica y espiritual, como también los procesos de cambio por los cuales transitamos, tanto de los que tenemos control y podemos influenciar en beneficio del alcance de las meta propuestas, como aquellos sobre los que no tenemos injerencia pero que pueden llegar a determinar la posibilidad o no del alcance de ellas.
Las metas con miras a un bienestar integral son aquellas que contribuyen a un crecimiento en las tres áreas esenciales del ser, según el tiempo y espacio en que nos encontramos. Así, una meta que persigue un mejoramiento, por ejemplo de la apariencia personal, debe de originarse con la motivación correcta (por ejemplo la salud física), no debe ir en detrimento de las otras dos dimensiones, sino más bien potenciarlas (en este caso por ejemplo una mejor autoimagen derivada de un mejoramiento en la apariencia traerá beneficios al área psicológica) y a la vez debe ser realista al considerarla dentro del contexto de las circunstancias, situaciones, etapa de vida, etc. en la que nos encontramos.

Metas antojadizas o con un norte definido.
Todo ser humano, a pesar de estar en cierto grado determinado por su entorno, es libre de plantearse y perseguir las metas de su elección. Ahora bien, las metas que establecemos a través de la vida, deberían en principio, obedecer a una perspectiva más amplia, esto es a un proyecto de vida que al menos debería ser esbozado durante la adolescencia (etapa en que el ser humano es capaz de manejar conceptos más abstractos y complejos y empieza a adquirir una mayor conciencia de su realidad como individuo) aunque este deba ser ajustado de acuerdo a las circunstancias que nos rodean en etapas posteriores. Sin embargo, es usual que las personas, por distintas razones (presión social, tendencias culturales, influencia negativa de la industria del entretenimiento y el comercio, etc.) pierdan el norte y se desvíen en busca de metas antojadizas y descontextualizadas que lejos de propiciar un crecimiento integral con miras a adelantar su proyecto de vida, terminen entorpeciéndolo.

Metas que propician una salud integral, ¿cómo plantearlas?
Al momento de plantearnos metas pensando en nuestra salud, debemos considerar varios aspectos, algunos de estos ya han sido considerados en párrafos anteriores. Además de los ya mencionados, es importante también considerar que en el establecimiento de metas debemos tomar muy en cuenta, y a la vez reforzar, los principios y valores éticos y morales que nos hemos planteado como guía de nuestra existencia, una meta que se contraponga a nuestros principios y valores redundará en el detrimento de nuestra dimensión espiritual, y por ende, según lo explicado, en todas las áreas de nuestro ser.
Otro aspecto importante a considerar es el campo de las relaciones interpersonales. Somos seres sociales, con necesidades profundas de interacción, cooperación y solidaridad con otros. Por lo tanto, es esencial que nos propongamos metas que fortalezcan los vínculos y formas positivas de interactuar con los otros, tanto a nivel familiar como comunitario, metas que en general beneficien de alguna manera a la sociedad como un todo. Alfredo Adler, psicólogo austríaco y discípulo de Freud, señalaba que una persona que disfruta de un elevado nivel de salud mental, es un individuo que ha adquirido la capacidad necesaria apara mantener relaciones satisfactorias con las demás personas, y para unir su esfuerzo al de los otros en la búsqueda del bienestar común. De esta forma, si las metas que nos proponemos contradicen este principio estaremos propiciando el detrimento de nuestra salud mental y por lo tanto de nuestro ser integral.
Por ultimo, es importante enfatizar que buscar la madurez emocional y el equilibrio en nuestro estilo de vida, siendo objetivos que debemos procurar con ahínco constantemente, deben ser elementos indispensables a tomar en cuenta en el establecimiento de metas para una mejor salud. Una vida plena, serena, de contentamiento, en paz consigo mismo y en armonía con el entorno, así como la capacidad de enfrentar con acierto tanto los grandes problemas y adversidades de la vida, como la cotidianeidad, son signos de una madurez emocional. Las personas emocionalmente maduras, establecen y persiguen metas que en general propician formas de convivencia y estilos de vida equilibrados de beneficio personal y bienestar común.

Conclusiones:
• Las metas relacionadas con el aspecto físico, y en especial con la apariencia, parecen tomar un lugar prominente en los propósitos para el inicio de año nuevo.
• El énfasis en la apariencia física podría estar motivada por la excesiva importancia que actualmente la sociedad le confiere a este aspecto.
• Los seres humanos somos seres integrales y estamos conformados por tres ámbitos principales: la dimensión física (biológica); la dimensión espiritual y la dimensión psicológica (pensamientos, conductas y emociones). Cada una de esas dimensiones de la vida actúa en forma simultánea y dinámica con las demás.
• Las metas que nos propongamos deben procurar el crecimiento en estas tres dimensiones.
• Las personas experimentan procesos de constante cambio, este es un aspecto que se debe tomar en cuenta al establecer metas.
• El alcance de metas propuestas con miras a una mejor salud requiere, primero que nada una motivación correcta, una decisión sostenible en el tiempo y el establecimiento y ejecución de un plan que permita la consecución de cada una de esas metas.
• Las metas con miras a un bienestar integral son aquellas que contribuyen a un crecimiento en las tres áreas esenciales del ser, según el tiempo y espacio en que nos encontramos.
• Todo ser humano, a pesar de estar en cierto grado determinado por su entorno, es libre de plantearse y perseguir las metas de su elección.
• Las metas que establecemos a través de la vida, deberían en principio, obedecer a una perspectiva más amplia, esto es a un proyecto de vida que al menos debería ser esbozado durante la adolescencia.
• En el establecimiento de metas debemos tomar muy en cuenta, y a la vez reforzar, los principios y valores éticos y morales que nos hemos planteado como guía de nuestra existencia.
• Es esencial que nos propongamos metas que fortalezcan los vínculos y formas positivas de interactuar con los otros, tanto a nivel familiar como comunitario, metas que en general beneficien de alguna manera a la sociedad como un todo.
• Una persona que disfruta de un elevado nivel de salud mental, es un individuo que ha adquirido la capacidad necesaria apara mantener relaciones satisfactorias con las demás personas, y para unir su esfuerzo al de los otros en la búsqueda del bienestar común.
• Una vida plena, serena, de contentamiento, en paz consigo mismo y en armonía con el entorno, así como la capacidad de enfrentar con acierto tanto los grandes problemas y adversidades de la vida, como la cotidianeidad, son signos de una madurez emocional.
• Las personas emocionalmente maduras, establecen y persiguen metas que en general propician formas de convivencia y estilos de vida equilibrados de beneficio personal y bienestar común.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Padres amigos, por: Jesús Rosales Valladares

En nuestro contexto socio-cultural, es común describir a la figura paterna a partir de los rasgos más característicos que manifiesta. Pero esos rasgos notorios y predominantes son producto fundamentalmente de una construcción socio histórica que fue acentuando en el hombre, en general, y en los padres, en particular, aspectos emocionales, cognitivos y conductuales típicos de sociedades con tendencias patriarcales.
De esta forma, es esperable que los padres de familia se ocupen de los aspectos relacionados con la provisión del hogar, así como del establecimiento de las normas de conducta, disciplina y de la autoridad; su participación en el espacio privado o doméstico en la mayoría de los casos, se redujo a esto, Avocándose así a la conquista del espacio público, escenario excluido para la mayoría de las mujeres durante mucho tiempo.
Existe en la actualidad abundante evidencia de cómo la concepción patriarcal limitó de múltiples formas las posibilidades de expresión emocional y afectiva que también se encuentran presentes en el hombre. Este desafortunado cercenamiento, en la posibilidad de transmitir con naturalidad los sentimientos, ha hecho que muchos hombres y padres de familia cohíban sus expresiones de afecto, así como gestos verbales y físicos de cariño, a sus cónyuges e hijos.
Esta situación ha traído consigo, a lo largo de la historia, una lamentable afectación en las relaciones familiares y sociales. Las esposas y los hijos e hijas resienten esa ausencia de contacto y comunicación afectiva, y, como resultado inevitable, estas carencias se traducen en posteriores frustraciones y lesiones emocionales. Pero también el hombre, el esposo y el padre, al detener sus expresiones afectivas, termina siendo uno de los más afectados de la “cultura patriarcal”, porque se pierde o ve limitado su potencial de comunicación y el deleite afectivo que proviene de la reciprocidad del contacto humano.
Es cierto que las cosas están cambiando, y nos adentramos al Siglo XXI con importantes modificaciones en las relaciones humanas en todos los niveles. El diálogo, el respeto y la interacción en los ámbitos sociales y familiares cada vez son más extendidos. Dichosamente, sobre estos tópicos, nos estamos acercando a una mejor comprensión de las enseñanzas de Jesús presentes en el Evangelio. Sin embargo, aún falta mucho por hacer.
De manera particular, los padres de familia deben variar su papel en el hogar. Los hijos necesitan padres más cercanos, presentes en sus etapas de desarrollo, a su lado, no solo como referentes necesarios de autoridad, sino además, como soportes insustituibles en la conformación de su identidad y desarrollo integral.
La presencia de los padres en el hogar es fundamental, pero esta presencia física y emocional no es suficiente si no se concibe como una incorporación plena en la dinámica familiar. Lo cual se traduce en un involucramiento en las tareas y responsabilidades que supone la convivencia de familia, una vinculación real, junto con la madre, en la crianza, educación, disciplina y transmisión de valores hacia los hijos e hijas, al igual que en el otorgamiento de afecto, cuidado y seguridad hacia los mismos.
Para un padre, no puede existir mayor satisfacción que compartir lo cotidiano, pensamientos, comunicación, inquietudes e ilusiones con los hijos e hijas. La posibilidad de diálogo con ellos y ellas se convierte en la más hermosa y edificante experiencia.
Este diálogo eleva la posibilidad de acompañarlos en la construcción paulatina de sus proyectos de vida, en ser referentes válidos para la toma de decisiones y apoyos sólidos; consejeros oportunos y acompañantes permanentes.
El diálogo significa hablar con los hijos, y hablar con los hijos significa fundamentalmente, y sobre todo en estos tiempos, escucharlos, aún más allá de las palabras que expresan. Ésta es la más grande de las experiencias y de las oportunidades para compartir, para crecer juntos y para acercarnos a ellos mediante lazos afectivos que trascienden el momento, ya que se extienden para siempre.
Cuando se afirma que el padre puede ser amigo de sus hijos, no se trata de que el padre pretenda establecer una relación horizontal, de iguales, con sus hijos. Se trata de que el hijo o hija encuentre la cercanía, la disposición, la confianza y el afecto del padre en todo momento y circunstancia. Se trata de la proximidad y la disponibilidad del padre para cuando el hijo o hija lo requiera, el consejo oportuno, el brazo solidario, la palabra de apoyo y el abrazo de amor, que los estereotipos y los tabúes, las inhibiciones y los temores, en ocasiones, les han impedido a los padres expresar con total libertad y plena satisfacción. Sí, bajo esta perspectiva, se puede ser padre y amigo de los hijos; pero este vínculo debe estar fundamentado en una relación de mutuo respeto, admiración y profundo amor.