Visión y Misión

Visión.
Ser líder en la orientación y fortalecimiento de las familias dentro y fuera de la iglesia en la República Dominicana.

Misión.
Orientar a los miembros de la familia en el concepto de la verdadera relación y responsabilidad familiar para tener un hogar saludable, a través de la palabra de Dios.

Versículo del día

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sábado, 11 de agosto de 2012

No te dejes destruir por comentarios dañinos, Por: Enrique Monterroza


“Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo”. (Gálatas 1:10)

En algún momento de mi vida mi mayor anhelo era quedar bien con todas las personas, tratar la manera de agradarlos en lo que pudiera para que tuvieran un buen concepto de mi.
Obviamente no lo lograba, siempre había quienes por más bien que tratara de hacer las cosas, tenían un comentario negativo acerca de lo que hacía.
Durante mi vida en el Ministerio he aprendido a vivir con comentarios positivos y también negativos, comentarios de gente que valora nuestro esfuerzo y nuestras ganas de hacer cosas para Dios, así como también con comentarios de personas que jamás ven algo bueno en nosotros y que siempre hay algo malo a lo que apuntan con dureza.
Quizás tú también en algún momento de tu vida has sido víctima de comentarios negativos, de gente que a pesar que te esfuerzas por quedar bien con ellos, nunca lo logras. Quizás en este momento te sientes mal contigo mismo, porque cierta persona ha comentado de ti cosas que no son ciertas y eso te ha llevado a bajar tu ánimo, a entrar en una especie de depresión y a dudar de lo que Dios puede hacer contigo.
Hoy quiero animarte a que no permitas que esos comentarios de gente negativa te destruyan, a que esos malos comentarios lejos de destruirte solo sean un motivo más por el cual esforzarte. Te lo dice alguien que lo ha vivido en carne propia, te lo escribo no porque me lo han contado, sino porque lo he vivido.
Si en un principio cuando Dios me permitió iniciar todos estos ministerios, yo hubiera hecho caso a los malos comentarios, a las críticas negativas o a las burlas que mucha gente lanzo en contra de mi, creo que hoy no estarías leyéndome.
Y no es que yo sea un súper cristiano, estoy lejos de lograrlo, soy una persona normal, con luchas diarias como tú, pero si algo Dios me ha enseñado es a no detenerme por comentarios que no son ciertos. A mí me importa lo que Dios piense de mí y si El me llamo a quien le debo mi servicio es a Él.
Siempre habrán personas que no miraran lo bueno de ti, sino que siempre juzgaran lo malo, siempre habrán personas que lejos de animarte a seguir, querrán evitar que sigas, pero depende de cada uno de nosotros dejarnos manipular por esos comentarios que jamás serán de Dios, porque Dios nunca te desanimaría a servirle o hacer cosas para El.
 Es un buen tiempo para reflexionar sobre esas voces negativas que has escuchado y evaluar si realmente es de Dios o no, estoy seguro que no tardaras mucho para darte cuenta que esa no es la voz de Dios, entonces, si no es la voz de Dios, ¿Por qué te sientes mal?, ¡Vamos!, ¡Levántate y no dejes que el enemigo logre su objetivo contigo!
El enemigo sabe que tú tienes un potencial tremendo que de ser explotado en el Señor le arrebatarías muchas almas, por lo tanto lanzara toda clase de ataques contra tu vida para desanimarte, tratara por medio de comentarios negativos echarte para atrás y que no prosigas, porque eres peligroso para él, porque sabe que de la mano de Dios puedes lograr todo lo que te propongas.
¡Es hora de hacer oídos sordos a esos comentarios destructivos!, no permitas que tus oídos se conviertan en un basurero del diablo, en el que echa toda clase de peste para que no logres tus objetivos.
Tenemos que aprender a avanzar a pesar de cualquier cosa, a proseguir a la meta, a nunca darnos por vencidos, menos por comentarios que no son los que Dios tiene acerca de ti y de lo que haces.
Nunca te rindas, porque si te rindes nunca sabrás hasta donde podías llegar con la ayuda de Dios.
Hoy te invito a que no te dejes intimidar por comentarios negativos, a que no le sigas prestando tu valiosa atención a esas palabras que no traen ningún provecho, se fuerte, esfuérzate por cumplir el propósito para el que fuiste llamado y recuerda siempre que no estás solo, que Dios es quien pelea las batallas por ti y quien está a tu lado, nunca desmayes, avanza sin temor.

Tú no eres de los que retroceden, así que avanza.

Que Dios te bendiga y te guarde.

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” (2 Timoteo 1:7)

viernes, 8 de junio de 2012

04 - Serie: La Crisis de la mediana Edad “Lea las señales”, Por: Sixto Porras


Es importante leer las señales que anuncian que se está frente a un momento de cambio; se cansa más, tiene un sentimiento de nostalgia, está más sensible, irritable, las relaciones se tornan tensas y desvaloriza lo que ha logrado. Tiene un sentimiento de insatisfacción. Lo que era importante ya no lo es. 

Elabore una ruta a seguir
Los expertos recomiendan que se elabore una ruta a seguir que permita anticipar los años grandes. Crecer es un proceso que debe vivirse con la meta de tener calidad de vida. Para esto es necesario anticipar los años que vienen. 
Para enfrentar estos sentimientos difíciles hay que anticiparlos. Se requiere construir un proyecto para la segunda mitad de la vida. Algo que indique el camino claramente para no confundirnos con las emociones que suben y bajan. Elabore un inventario de los logros alcanzados y de los recursos con los que cuenta para llegar a la meta propuesta. Aprecie sus capacidades, y las inteligencias que le identifican. Defina claramente su meta, hacia dónde se dirige, qué espera haber alcanzado en 10 y 20 años.
Evalúe sus logros, aprecie su proyecto de vida, y decida que vivirá cada etapa con intensidad y realismo. Crecer es un proceso que requiere ser anticipado y planificado.
La vida nunca deja de sorprendernos, por esta razón debemos anticipar los tiempos con una ruta a seguir, para ello los expertos recomiendan lo siguiente:

1.- Manténgase activo.
2.- Aliméntese saludablemente, el metabolismo ha cambiado.
3.- Tenga relaciones saludables y estables.
4.- Procure una buena salud emocional.
5.- Acepte los cambios como algo natural.
6.- Cuide sus relaciones familiares, es su soporte más importante.
7.- Haga ejercicio.
8.- Descubra nuevos intereses, y diviértase.
9.- Redescubra su mundo.

Recomendaciones prácticas:
1.- Anticipe los años grandes.
2.- Renuncie a lo que pasó y concéntrese en el presente.
3.- Defina con tiempo qué le gustaría haber alcanzado al llegar los 40 y los 50.
4.- Acéptese tal cual es, esto transforma la crisis en oportunidad.
5.- No se descalifique, acéptese.
6.- Ayúdese todo lo que pueda, pero sin obsesionarse.
7.- Hágase rodear de las personas correctas.
8.- Lea al respecto.
9.- Siga las recomendaciones médicas.
10.- Cambie lo que debe cambiar.
11.- Viva al máximo la vida, pero vívala más despacio.  
12.- Decida qué le gustaría alcanzar en los próximos años. 

Ha llegado el momento de comenzar de nuevo, ya no para satisfacer la imagen social, más bien para encontrarnos con nuestro ser más profundo.

03 – Serie: La Crisis de la mediana Edad “Conquiste su yo interno”, Por: Sixto Porras


Las personas que dependen más de lo externo para expresar su éxito, están más expuestas a vivir la mediana edad como una crisis de grandes dimensiones. Conquiste su yo interno, posiblemente el entorno no es responsable de lo que siente y vive. 
Es necesario valorar a las personas que han pagado el precio con usted.
La principal arma para enfrentar esta etapa, es la fortaleza emocional. Si la persona ha luchado con complejos durante la juventud, esta etapa se los acentúa. Pero si es alguien con una buena aceptación personal enfrentará los cambios con mayor naturalidad. 
Será determinante para enfrentar la crisis de la mediana edad, haberse realizado como persona. Si la persona anticipó estos años y alcanzó lo que se había propuesto, experimentará realización, pero si la persona siente que le agarró tarde para lograr sus metas, la crisis golpeará fuertemente. 
Los 40 y los 50 no tienen que transformarse en una crisis, pueden convertirse en una gran oportunidad para crecer, disfrutar y afinar el rumbo de la vida. Han llegado los años grandes, donde se combina juventud con experiencia. Han llegado los maravillosos años grandes. 
Cuando los años grandes lleguen no hay vuelta atrás, no podemos distraernos, no hay tiempo que perder. Es necesario hacer los ajustes para vivirlos con intensidad, atender las recomendaciones médicas, hacerse los exámenes de rigor y perder el miedo a crecer.  Es indispensable seguir un régimen saludable de alimentación y hacer ejercicios o bien caminar. La meta principal es tener calidad de vida. 
Los años grandes son sinónimo de productividad, esto se alcanza cuando la persona logra reconocer y aprovechar al máximo su potencial. Si se acepta tal cual es y se permite complementar con las personas que le aceptan y le aman, la vida adquiere color. 
Una tendencia equivocada en la edad media, es competir con otros más jóvenes. Esta es una trampa, porque no nacimos para competir con los demás, nacimos para superarnos a nosotros mismos. 
Un mito que ha hecho mucho daño es creer que la felicidad está en la “eterna juventud”. Esto nos hace resistir el proceso natural de crecer, madurar y envejecer. En lugar de resistir el proceso natural de crecer, debemos amarlo. ¿Cómo? - Elabore un plan, acepte la edad que tiene, relaciónese saludablemente con las personas a su alrededor y ame su proyecto de vida. 

Lo que no se debe hacer:
1.- Buscar una nueva conquista para probar que aun puede hacerlo. 
2.- Aferrarse a una imagen a toda costa, para lo cual requiere cirugías constantes, tratamientos caros, todo para tratar de ocultar las marcas de los años.
3.- Menospreciar a los que le han amado todos estos años, por nuevas aventuras.

Crecer no tienen que ser una crisis, por el contrario, debe ser un viaje placentero a la madurez, para esto debemos vivir los duelos, soltar lo que ya no existe, ajustarse a la realidad presente, y vivir con intensidad los recuerdos. Ame su presente, porque es lo único que existe.  
Envejecer significa cambios biológicos, sociales y psicológicos, lo cual requiere capacidad de adaptación, este es uno de los ejercicios más importantes que se deben realizar.

martes, 29 de mayo de 2012

02 - Serie: La Crisis de la mediana Edad “La crisis como oportunidad”, Por: Sixto Porras


La crisis tiene su origen en la negación de admitir la realidad de que los años grandes han tocado a la puerta. Es crisis, en el tanto nos neguemos a admitir que llegaron los cuarenta o bien los cincuenta, pero es oportunidad de realización cuando aceptamos la realidad.
Como lo describió un caballero de 50; -Mientras jugaba, me imaginé la jugada que siempre me salía a la perfección, pero cuando le di la orden al cuerpo, este no respondió de la misma forma. Las habilidades han comenzado a cambiar, pero me resisto a admitirlo. O bien, como lo dijo otro atlético y competitivo hombre de 44. – Escuché que llamaban a un señor y yo volví a ver buscando al caballero, hasta que me di cuenta que el señor era yo.
Las personas que viven la crisis de la mediana edad suelen comportarse de forma extraña, como si de repente estuvieran de vuelta a la adolescencia, se tornan irritables, se aíslan, tienen gustos extraños o más bien extravagantes, se confunden sobre lo que quieren y lo que aman. Quisieran vivir algo más emocionante, aquello que les permita vivir una ilusión extinta por las responsabilidades de la vida. Se vive como si se quisieran probar algo… que aun son jóvenes. 
Algunos comienzan a salir con mujeres menores para probarse que aun son capaces de conquistar, todo porque están detrás de nuevas emociones, pero terminan complicados a causa de la diferencia de edades. Otros quieren vivir la “adolescencia”, que sienten no pudieron vivir. Normalmente esto lo experimentan los hermanos mayores que asumieron responsabilidades desde temprana edad.
La responsabilidad familiar pareciera producir cansancio, y la vida podría haberse convertido en una rutina. Es aquí donde sobreviene la crisis. Pero algunos, experimentan realización, estabilidad y plenitud. 
Siempre se pensó que las luchas por el crecimiento se quedaban en la adolescencia, pero ahora se está viviendo la segunda adolescencia, es una crisis de identidad, donde hay resistencia a crecer. 
Es la edad intermedia entre la juventud y los años dorados, es una línea fronteriza que se extiende entre los 40 y los 55. No es una edad clara, porque aun se siente la fuerza de la juventud pero se mezcla con cambios físicos significativos y acelerados. 
Las crisis tienen a darse cuando lo establecido se cuestiona, y cuando se enfrenta una nueva etapa en la vida, esto produce una sensación de desequilibrio, emociones encontradas y preguntas sin respuesta. 

Ante una crisis tendemos a:
1.- Negar la realidad.
2.- Deprimirse.
3.- Aislarse.
4.- Dejarse vencer por el temor a envejecer.
5.- Descuidar la presentación personal.
6.- Desatender los consejos médicos.

Es una crisis psicológica pero también social, mucho lo determina la forma en la que la sociedad interpreta estos años de acelerados cambios. Si para el grupo social entrar a los años grandes es tumultuoso o decadente, será difícil envejecer. Pero si para la sociedad vivir los años de la adultez es honroso, será menos pesado pasar la frontera de los años de la mediana edad. 
Tristemente para la sociedad occidental la apariencia tiene mucho que ver con el “éxito”. Esto ha llevado a una exaltación desmedida de la apariencia juvenil y a un menosprecio de los años grandes. Hoy se vende más la imagen que el desarrollo del ser. 
Se ha estudiado, que las personas de las zonas rurales no viven con la misma intensidad esta crisis, porque no están influenciados por el fenómeno de la apariencia. La crisis de la mediana edad está determinada por el entorno más que por lo biológico. Por lo tanto, la mediana edad no justifica las actitudes irresponsables o aventureras.

sábado, 26 de mayo de 2012

01 - Serie: La Crisis de la mediana Edad “Ahora soy señor y señora”, Por: Sixto Porras


Poco se piensa en la crisis de la mediana edad hasta que llegan los 40 y los 50. De repente, los cambios se comienzan a dar y las huellas de los años se manifiestan. De un momento a otro, en un abrir y cerrar de ojos, ya no son muchachos, sino señor y señora, las personas se resisten al nuevo título, pero al tener que aclarar tantas veces, se rinden a la realidad, “ahora soy señor y señora”. 
La crisis de la mediana edad se encuentra entre los 40 y los 50 años, es la etapa donde la persona comienza a cuestionar su existencia ya que, de repente, la sociedad le recuerda que ya no es joven. Los cuestionamientos son valederos; ¿He alcanzado mis metas? ¿Ha valido la pena todo el esfuerzo? 
Es una etapa donde bajan los niveles hormonales; estrógeno en el caso de la mujer y la testosterona en el hombre. Estos cambios hormonales están acompañados de fuertes emociones que alteran el estado de ánimo; baja la energía, el impulso sexual, y la agilidad física. La andropausia en los hombres y la menopausia en la mujer, es real y debe enfrentarse como tal.
Por el perfecto equilibrio que identifica a las mujeres la crisis sí tiene un fundamento más biológico pero en el caso de los hombres es más psicológico. Es decir, los hombres tienen una mayor predisposición psicológica a convertir en crisis esta etapa de transición. En este momento el tiempo cobra importancia y todo comienza a cuestionarse; los logros, los valores, lo vivido. El tiempo es relevante porque se experimenta la sensación de que se “acorta”. 
Los cambios físicos se acentúan por más que se esfuerce en aclarar que aun es joven, lo recurrente de los comentarios lo ubican en una nueva etapa de la vida, han llegado los años de la edad adulta. 
Aparecen los pensamientos negativos que comienzan a producir frustración y disgusto, se quiere detener el tiempo y ocultar los cambios físicos. Es aquí donde inicia la crisis, porque se vive en negación y se libra una lucha interna. Surge una sensibilidad que parecía haberse superado, pero está ahí. Los temores se tornan más profundos y aparecen los fantasmas de la edad adulta. 
Pero no tiene que ser así, las crisis puede convertirse en oportunidad.

Tips para familias que buscan ser mejor cada día


1.- Comer juntos: Compartan por lo menos cuatro comidas juntos durante la semana. Apaguen toda forma de tecnología durante la comida: televisión, computadora y mensajes de texto.
Conversen acerca de su día, sobre lo que está pasando en la escuela, en el trabajo y en la casa.
Tomen turnos relatando algún tema, pregunta o historia divertida.

2.- Jugar juntos: Elija actividades únicas y divertidas para su familia.
Asegúrese que todos participen. Busque salidas creativas que no impliquen ver televisión o juegos de vídeo.
Celebre una “noche familiar” semanalmente. 
Incluya actividades físicas como deportes y el hacer ejercicio.

3.- Asistan a la iglesia y oren juntos: Denle la prioridad a Dios. 
Busque la sabiduría de Dios en sus decisiones diarias.
Ponga el ejemplo para sus hijos. 
Demuéstreles a su cónyuge y a sus hijos que ellos son importantes para usted y para Dios.
Encuentre una iglesia en su vecindario donde puede escuchar la Palabra de Dios. 
Ore por su cónyuge y por cada uno de sus hijos.

4.- Invierta en sus hijos: ¡Haga que sea divertido!
Dígales a sus hijos que se siente orgulloso de ellos.
Anímelos a hacerle preguntas.
Busque maneras de combatir sus debilidades e inseguridades.
Asegúrese que su hijo o hija sepa que espera de él o ella su mejor esfuerzo.

5.- Conozca el quehacer de sus hijos y conozca a sus amigos: Comuníqueles que se involucra en sus vidas porque los ama, no sólo porque quiere estar en control. Recuérdeles a sus hijos que somos moldeados por como pasamos el tiempo y de quienes nos rodeamos.
Acordar una hora de llegada a la casa y/o un plan de comunicación para fomentar la rendición de cuentas.
Cree un ambiente familiar donde los amigos de sus hijos sean bienvenidos.

domingo, 25 de marzo de 2012

01 - El perdón y la sanidad emocional “Heridas no resueltas en nuestro corazón”, Por: Elizabeth Canales

Todas las personas en algún momento de la vida han sido lastimadas, heridas o dañadas con o sin intensión, y muchas de ellas están tratando de olvidar un pasado difícil para poder seguir adelante. Creen que si lo encierran en una caja para siempre, ya no estorbará en su camino. Lo que no saben es que ignorar un pasado no significa que éste haya sido sanado. Todas las experiencias difíciles de la vida ─aun cuando hayan ocurrido hace décadas─, si no son resueltas apropiadamente, dejarán heridas abiertas que influirán en las decisiones que se tomen.

Los traumas y las heridas del pasado controlarán constantemente su comportamiento hacia los demás. Especialmente, en situaciones similares o en aquellas que tocan las áreas lastimadas de su corazón. En realidad, la verdad es que cada vez que atacamos a alguien que nos hirió, volvemos a abrir la herida y nos lastimamos ante todo a nosotros mismos.

Además, los seres humanos tenemos formas peculiares de resolver los conflictos: ignorándolos o pagando con la misma moneda, lo cual, en realidad solo empeora las cosas. Por eso, es muy importante identificar las heridas para poder sanar la raíz del problema. La forma en que nos comportamos, muchas veces, responde a las heridas no resueltas en nuestro corazón.

Para esto debemos identificar los comportamientos que hemos adquirido. Algunos de ellos son:

La autoconmiseración o lástima de sí mismo: la mayor parte del tiempo se vive lamentando de lo que le sucede, siente lástima de sí mismo. Esta actitud le lleva a magnificar su dolor (ver las cosas más grandes de lo que son). Su manera de pensar se distorsiona, y lo que ve o siente le parece real. Se dice frases en su mente como: “Nadie me quiere”, “A nadie le importo”, “Nadie está pendiente de mí”, “Mi vida nunca va a cambiar”. Esta forma de pensar produce un mayor dolor dentro de uno y le convence de que esa es su realidad.

Autojustificación: justifica sus reacciones con los actos de los demás. Por ejemplo, “Lo hice en defensa propia”, “Él inició la pelea, yo solo me defendía”. Esta conducta lleva a ver solamente las faltas de los otros, en vez de los errores de su carácter.

Culpar a otros de sus decisiones: no acepta las responsabilidades de sus decisiones o de sus actos. Por ejemplo: “Lo hice porque ellos me dijeron que lo hiciera”, “Si ellos no hubieran insistido, yo no lo hubiera hecho”, haciendo responsables a otros.

Negativismo: es aquella persona que siempre espera lo peor. Tiene una actitud pesimista ante cualquier situación. Siente miedo de confiar en alguien, pues piensa que lo van a traicionar, aun cuando esta persona nunca le haya fallado. Cree que algo es demasiado bueno para ser verdad y que, de un momento a otro, lo malo saldrá a la luz. Por ello, prefiere alejarse antes de que eso suceda y así proteger su corazón. Cuando lo que realmente sucede es que se está privando a sí mismo de una vida plena, pues no hay ninguna garantía que eso malo suceda.

Amargura: hay una actitud de enojo hacia todos y hacia todo. Le cuesta ser amable. La vida es de color gris. No hay alegría dentro de su interior y no le gusta verla en los demás. Se vuelve una persona pesada, escondiéndose detrás de pensamientos como: “No me importa lo que otros piensan de mí”, “No necesito a nadie en mi vida”, “Si se molestan, lo siento por ellos”, o “Yo soy así y no puedo hacer nada para cambiar”. Todas esas ideas buscan negar la verdadera condición de su corazón y, a la vez, pretende sentirse fuerte al pensar de esa manera.

Mentira: se desarrolla para buscar aceptación, para evitar el dolor o el rechazo. Niega la verdad para no hacerse responsable de las consecuencias de sus actos y usa los probables errores de los demás para disculpar su comportamiento. Utiliza la mentira para buscar aceptación, pretendiendo ser lo que no es, por lo que inventa algo sobre sí mismo para impresionar a otros, sin darse cuenta de que todo esto es producto de una baja autoestima

El ignorar las circunstancias no evita que hayan sucedido, y el pagar con la misma moneda nunca sana el dolor de la herida, sino que da más sed de venganza.

02 - El perdón y la sanidad emocional “Razones que no me permiten perdonar”, Por: Elizabeth Canales

Razones que no me permiten perdonar:

1. Algunos dicen que no lo sienten y no pueden hacer algo que no sienten, pues no sería sincero ni honesto. Así que no perdonarán hasta no sentir el deseo de hacerlo.

2. Creen que perdonar es como decir que estuvo bien lo que les hicieron.

3. Otros dicen que es totalmente injusto perdonar, pues la persona no se merece el perdón.

4. Piensan que si toman la decisión de no perdonar solo así se hará justicia. Esto lleva a considerar que, si se perdona, básicamente, se está perdiendo la esperanza de ver que se haga justicia. Esta es una de las razones más fuertes por la que las personas se aferran a no perdonar. Esto es un deseo de venganza, disfrazado en el término de “justicia”.

5. Otros no perdonan, como un mecanismo de autoprotección, porque creen que solo así podrán permanecer alertas a que no les vuelva a pasar algo similar. Consideran que, al perdonar, bajarán sus defensas y se volverán vulnerables.

Para otros, el perdón parece favorecer al victimario y no a la víctima.