Visión y Misión

Visión.
Ser líder en la orientación y fortalecimiento de las familias dentro y fuera de la iglesia en la República Dominicana.

Misión.
Orientar a los miembros de la familia en el concepto de la verdadera relación y responsabilidad familiar para tener un hogar saludable, a través de la palabra de Dios.

Versículo del día

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lunes, 29 de abril de 2013

Serie: ¿Hablamos? - Artículo 3. La libertad de perdonar, Por: Sixto Porras y Maritza Ulate


Nuestro trasfondo cultural nos lleva a interpretar el presente de otra manera. No puedo medirte por la historia que viví. Tengo que conocer tu historia para entender por qué reaccionas como reaccionas. Pero también debo aprender a soltar el pasado. Ahora estamos escribiendo nuestra historia. Hoy, antes de iniciar el año, anoto las fechas de cumpleaños y aniversarios y los pongo en grande PARA QUE NO SE ME OLVIDE. Y para ella los cumpleaños ahora son menos importantes porque ella sabe que la amo todos los días.

Tenemos que aprender a cambiar la forma en que manejamos los recuerdos, a romper el ciclo del dolor, perdonando, resolviendo y replanteando nuestra vida. Esto nos permite ser mejores personas. 

Me gusta compartir la historia de mi madre. Mamá era hija de una de las cinco amantes de mi abuelo. Su madre la regaló a una tía, y esta la educó como esclava. El recuerdo de su padre es de un hombre subido en un gran caballo. Cuando ella le llevaba el café él se lo arrojaba en la cabeza. Siendo una adolescente soñaba con que alguien la amara y alguien la «amó» y la dejó sola con mi hermano mayor. Luego apareció mi papá, quien se dedicó a lo que mejor sabía hacer: chiquitos. Mi papá tampoco sabía lo que era el amor porque su madre enviudó cuando él era pequeño, y quedó sola con nueve hijos. Cada uno tuvo que salir a ganarse la vida en el campo como pudo. 

Sin tener una historia mi mamá se casó con un sueño, una ilusión. Comenzamos a nacer nosotros. La tendencia es repetir la historia del dolor y que la traición destruya otra vez la vida. Mas ella decidió pararse en el camino y perdonar a quienes la lastimaron y la abandonaron. Yo lo vi. Un día me dijo: «vamos a Nicaragua a buscar a mi mamá». Ella ni siquiera sabía donde vivía. «Yo sé como se llama» —me dijo—, «y la quiero ir a buscar para decirle que estoy bien, para decirle que la amo, para decirle que si necesita un hogar mi casa es su casa». A pesar de los errores de mi papá ella nunca envenenó nuestro corazón con odio hacia él. Ella decidió construir una vida nueva, a partir de un sueño, un anhelo. 

Definitivamente los ciclos se rompen y se inicia una historia nueva con la capacidad de perdonar, de resolver el presente y de replantear nuestro futuro. A medida que se aprende a perdonar se acepta el pasado, no importa cómo este haya sido. Muchas veces yo vi a mi mamá llorar con lágrimas de dolor. Después, sin embargo, la vi llorar con lágrimas de un recuerdo que ya no producía el mismo dolor. Era una historia que había dejado una enseñanza en su vida. Yo soy el hijo de una mujer que decidió perdonar a quienes la abandonaron; soy el hijo de una nueva construcción. Yo soy el fruto de su amor. Ella solía decirnos: «cada vez que rían porque les va bien en la vida, no olviden que para reír primero tuvieron que llorar». 

Alguien tiene que detenerse y terminar con el ciclo del dolor que ha venido de generación en generación, para comenzar a escribir esa nueva historia. Si queremos asumir el gran reto de sacar adelante a nuestros hijos, debemos terminar el ciclo de dolor, dejar como herencia una nueva forma de vida a partir del perdón. Cuando decido perdonar no solo acepto el pasado y detengo el ciclo del dolor sino que soy verdaderamente libre. Perdonar es liberar a alguien de la deuda que tiene conmigo. No es un sentimiento sino una decisión que se sostiene en el tiempo. Nunca he escuchado a alguien decir: «¡cuánto deseo perdonar a esa persona que me hizo tanto mal!» Perdono porque entiendo que frente a la falta de perdón la única víctima soy yo. Cuando perdonamos volvemos a ser libres para levantar la vista y volver a amar. Si necesitamos perdonar, es vital iniciar  el proceso y sostenerlo en el tiempo. En el momento oportuno esa decisión producirá nuevos sentimientos. 

Una vez mi hermano, ya grande, dijo algo que me hizo pensar mucho. Mi mamá nos había contado del difícil camino que había transitado. Después de escucharla exclamó: «¡Qué extraño!, teniendo todas las razones para odiar, ¿por qué es que nos vemos imposibilitados para hacerlo?» La respuesta es clara: porque somos una nueva generación de una dama valiente que se paró en el camino y cortó la herencia de dolor dejada en su vida. Yo soy una nueva historia. Ella nos reveló a Dios, su perdón y su gracia. Nos enseñó a amar y a admirar a papá a pesar de sus errores. Esa capacidad de construir a partir de la esperanza solamente la da el perdón.

domingo, 28 de abril de 2013

Serie: ¿Hablamos? - Artículo 2. Vencer a los fantasmas del pasado, Por: Sixto Porras y Maritza Ulate


Otro de los elementos fundamentales es aprender a manejar el pasado, ese pasado que manda mensajes al presente y que predetermina muchas de nuestras actitudes. Para muchos de nosotros las situaciones sin resolver y los temas del pasado aún están dirigiendo nuestras vidas. Debemos tener mucho cuidado porque esto puede distorsionar potencialmente la comunicación. Algunos de nuestros sufrimientos, incluso, son el resultado del pasado no resuelto y no necesariamente de esta relación presente. El otro día alguien me compartía: «hace diez años sufrí una traición y de vez en cuando la vuelvo a revivir en mi imaginación». ¡Esto no es bueno! Debemos detenernos para resolver las situaciones del pasado. 

El matrimonio involucra a cuatro personas: dos adultos que hoy conviven juntos, pero también involucra a dos niños internos que reaccionan por causa de su trasfondo familiar y sus recuerdos. El temor de volver a vivir situaciones negativas del pasado nos paraliza. Debemos aprender a manejar el pasado. El señalar circunstancias específicas o a nuestros padres como culpables de situaciones o experiencias que tuvimos que enfrentar, no soluciona nada. Nuestros padres son humanos y, por lo tanto, tuvieron fallas. Puede que aún sintamos resentimiento, enojo o amargura hacia ellos por lo que hicieron o dejaron de hacer. Si es así, debemos buscar la forma de resolverlo.

Encontrar causas que nos ayuden a explicar algunos hechos del pasado es útil. Sin embargo, cuando hacemos de nuestros padres u otras personas que influenciaron nuestra vida, chivos expiatorios, lo único que logramos es escaparnos de asumir responsabilidad por la forma en que somos hoy día. Vivir en el pasado frecuentemente hace que nos percibamos como víctimas; nos imposibilita para tomar las mejores decisiones, predisponiéndonos para el fracaso. Por el contrario, asumir las responsabilidades y consecuencias de nuestros actos
propicia la comunicación sana con los demás y la toma de decisiones asertivas; en fin, nos predispone para el éxito en la vida.

En una ocasión, olvidé el cumpleaños de mi esposa Helen. Apenas alcancé a llevarle un  ramo de flores a las diez de la noche, luego de que mi asistente me lo recordara. Helen estaba herida, lastimada. Nos acostamos y fue una de esas noches en que la cama se hace angosta y cada uno se queda en su esquina. Yo me quedé pensando y me pregunté: « ¿por qué se me olvidó el cumpleaños de Helen, si yo la amo?» 

Al día siguiente nos sentamos y le dije: «yo te amo. Quiero decirte que te amo todos los días. No se me olvido tu cumpleaños porque no te ame. Se me olvidó porque en mi casa yo no sabía cuando cumplía mi papá, mi mamá o mis hermanos. Mis papás tenían que trabajar tanto que nunca celebrábamos los cumpleaños. Pero yo te amo todos los días. Te amo cada vez que te lo digo, que soy responsable». Comencé a enumerarle todas las cosas por las que la amo. Ella me respondió: «en mi casa, una de las expresiones más grandes de amor era recordar el cumpleaños de la otra persona». ¡Por eso ella estaba lastimada!

lunes, 22 de abril de 2013

Serie: ¿Hablamos? - Artículo 1 - Honestidad sin temores, Por: Por: Sixto Porras y Maritza Ulate


Saber cómo manejar con inteligencia la comunicación en el matrimonio no es tan fácil como algunos creen, especialmente cuando cada uno viene de un trasfondo distinto. Aprender a desarrollar una buena comunicación es todo un arte...

Honestidad sin temores
Es importante que entendamos que el matrimonio crece a partir de la intimidad. El fundamento para la intimidad física encuentra su origen en la intimidad emocional, y esta se logra cuando poseemos capacidad para comunicarnos afectivamente. Una pequeña prueba nos permitirá saber si poseemos capacidad en esta área o no. Cuando su pareja le pide algo y usted sabe que no puede hacerlo, ¿no se siente libre para decirle que no? Cuando usted realiza algo que sabe debe comunicar a la otra persona, ¿le causa miedo solo pensar en decirlo? ¿Tiene la sensación de que su pareja se siente intimidada por usted, a tal punto que mide sus palabras a la hora de hablar? Si usted contesta afirmativamente a alguna de estas preguntas es porque le falta más intimidad emocional con la persona que ama. 
La buena comunicación no se fundamenta en el temor ni en la imposición de un criterio. La intimidad emocional genera confianza, respeto y tolerancia. Esto propicia que aceptemos  a la otra persona tal cual es. No se trata de un sentimiento artificial, sino la capacidad de comprensión basada en el afecto. Usualmente, no es fácil establecer una comunicación basada en estos principios, especialmente si en nuestra formación no se modeló este estilo. 
Sin embargo, a medida que la pareja cultiva la comunicación entre ambos y con Dios aprenderán a confiar el uno en el otro y esto, a su vez, les permitirá ser más abiertos. La buena comunicación fluirá a partir de que cada uno se sepa respetado, aceptado, amado y valorado.
Existen momentos en el matrimonio en los que sentimos miedo, miedo a la reacción que tendrá la otra persona. Si usted padece de miedo, debe enfrentarlo y comunicar esta sensación a su pareja. Sin embargo, no comparta este temor en medio de un conflicto. Escoja un momento tranquilo, en que pueda abrirse sin que interfieran las fuertes emociones que existen en una situación de conflicto. Cuando usted abre su corazón para compartir estos temores la intimidad emocional crece profundamente. Utilice frases como: «Quiero que sepas que cuando elevas la voz un poco más yo tiendo a quedarme callado y me siento anulado como persona». El solo hecho de que ella o él lo exprese debiera mover al otro a decir: «lo siento». 
El otro día dije algo que lastimó a mi esposa Helen. Ella me confesó: «eso me duele, me parece que no es justo». Yo iba a argumentar, porque ninguno de nosotros tiene intensión de herir o lastimar, pero en ese momento pensé: si a ella le dolió, es suficiente para que yo busque la forma de restaurar. Le dije, entonces: «perdón mi amor». No era el momento de argumentar; no era el momento de justificar lo que dije. Frecuentemente nos consideramos inocentes. Lo usual es pensar: ¡el otro es el que está equivocado! La verdad, sin embargo, es que si ella se sintió lastimada, esta es razón suficiente para que yo la restaure, porque ella es más importante que los argumentos que tengo; y es crucial para ambos sanear la relación cuánto antes. Esto es lo que produce verdadera intimidad. No tenga miedo de ser usted, de expresarse.

viernes, 19 de abril de 2013

¿Qué Nos Acerca Como Pareja?, Por: Patricia Odio


Durante el noviazgo el romance fluye naturalmente, se espera con anhelo cada oportunidad de compartir con la pareja y se disfruta cada minuto de estos encuentros.   Sin embargo, con frecuencia, después de varios años de matrimonio el romance tiende a desvanecerse y las parejas se preguntan  ¿Qué paso con aquel maravilloso romance vivido durante el noviazgo?
Es normal que todo matrimonio enfrente distintas etapas, que el amor madure y se transforme, sin embargo, existen elementos en la dinámica de la pareja que los han acercado desde el inicio de su relación y otros que tienden a separarlos. Por lo tanto, el secreto de mantener el romance está en procurar mantener y aún mejorar  los elementos positivos y modificar aquellos que perjudican la relación.
Sin embargo, este proceso discriminatorio y de constante modificación, debe ser un acto consciente, una decisión que puede ser definida como la decisión diaria de amar al cónyuge, manteniendo así vivo el romance a pesar de los momentos difíciles,  y las adversidades por las que atraviesa todo matrimonio.  Esta constante renovación producirá el crecimiento de la relación de pareja, evitando el aburrimiento y la rutina, enemigos número uno del romance.
Generalmente se identifica al amor como un sentimiento exacerbado que produce inclusive reacciones físicas, como lo son las sensaciones en el estomago o “mariposas en el estómago”, sin embargo  el verdadero amor va mucho más allá de estos sentimientos y sensaciones puramente físicas, el amor verdadero es un acto consiente de honor, de sacrificio y de estima  hacia la pareja sin importar cual sea el costo. Lejos de la creencia general, el amor no se produce espontáneamente, y se mantiene o deja de existir de la misma manera, el amor y el romance deben de ser cultivados día a día. 
Dentro de las razones más comunes por las que las  parejas suelen distanciarse están los resentimientos y heridas que se dejan sin resolver al pasar del tiempo, destruyendo el respeto y la estima que se sentía por el cónyuge; así también, uno de los aspectos más comunes que produce la pérdida del romance es el focalizar el romance únicamente  a la intimidad física.
Al acercarse  al cónyuge la meta no debe ser solamente  la intimidad sexual, es importante  desarrollar una relación de amistad, la cual debe de ser edificada  día a día,  tomándose el tiempo necesario para conocer  cuáles son los gustos y necesidades del cónyuge. Cuando la pareja experimenta la sensación de sentirse valorado, respetado y comprendido, le será más fácil acercarse con confianza para compartir sus necesidades, y así se irá desarrollando este vínculo de amistad que une cada vez más a la pareja. Saber realmente quien es esa persona  con la que se vive, interesarse por su vida y sus sentimientos y darle un lugar de valor  conduce  a establecer una verdadera relación de honor.

Existen elementos y actitudes que definitivamente aumentarán el romanticismo y acercarán a la pareja:
Ø  Construir caminos juntos a partir de metas comunes, desarrollando la habilidad de motivarse mutuamente y fortalecerse el uno al otro. 
Ø  Tomar tiempo para demostrarse su amor, por medio de besos, abrazos, gestos y palabras positivas, haciendo crecer en la pareja la aceptación, el ánimo y la estima.
Ø  Planear y compartir tiempo a solas.
Ø  Mantener día a  día los pequeños detalles y  las expresiones de afecto, creando la necesidad de estar juntos.

Habrá que recordar que en los momentos difíciles es muy importante mantener el compromiso de amar a la pareja, pues es cuando  se desarrolla la solidaridad y  la compasión en la pareja. Así también uno de los aspectos más valiosos para acercar a la pareja es poder reconocer cuando se ha herido u ofendido al cónyuge, y pedir perdón, procurando  un cambio de actitud que  permita sanar la relación.
El acercarse a la pareja es un acto de voluntad que crece cuando se decide amar y perdonar al otro a pesar de la adversidad, teniendo en gran estima a la persona amada.

miércoles, 10 de abril de 2013

Un Matrimonio a la Manera de Dios, Por: Dr. Daniel L. Catarisano


Roberto y María llegaron a mi oficina en busca de ayuda para su matrimonio. Cuando los saludé, enseguida noté en sus rostros las marcas de años de aflicción y resentimiento. Ya no tenían fuerzas ni siquiera para disimular su dolor, así que nos sumergimos directamente en el tema.
Una larga serie de relatos amargos, incomprensión y hasta algunos episodios de violencia doméstica, formaban el contenido principal de la historia de este matrimonio. Finalmente, cuando todo quedó expuesto, concluimos que en realidad no se conocían, ni tampoco conocían la idea de Dios al crear el matrimonio.
En mi servicio como pastor y consejero profesional, he notado que uno de los mayores causantes de los conflictos conyugales, es el no comprender el diseño de Dios para el matrimonio. Algo que parece tan obvio cuando predicamos sobre este tema, sigue siendo ambiguo para más del ochenta por ciento de las parejas. Esto nos obliga a reflexionar acerca de la necesidad de comprender cómo es un matrimonio a la manera de Dios.

Veamos los siguientes principios.

1.- Un matrimonio a la manera de Dios incluye conocer el significado de la relación conyugal.
El matrimonio no es el fruto de un acto impulsivo de Dios, pues todo lo que él hace tiene significado. La unión matrimonial refleja la naturaleza relacional de Dios y su amor incondicional. El hombre y la mujer fueron creados a imagen y semejanza de Dios, para una relación de amor recíproca y permanente. Esta es una de las razones por las cuales Dios detesta el divorcio, pues tal decisión significa la ruptura de una unión creada, primariamente, para representar el carácter personal de Dios. 

2.- Un matrimonio a la manera de Dios incluye el conocer el propósito de la relación conyugal.
En (Génesis 1:28) encontramos la orden: “Fructificad y multiplicaos”; dos palabras que nos hablan de la procreación, pero también de fructificar como personas y como matrimonio. Esta es una de las razones por las cuales se nos ordena someternos el uno al otro en el temor de Dios, y se nos explica cómo lograrlo (Efesios 5:21-33). En el matrimonio deben coexistir el amor consagrado, la honra y el respeto mutuo; si estos abundan, entonces se cumple el propósito de glorificar a Dios.

3.- Un matrimonio a la manera de Dios incluye el conocer los beneficios de la relación conyugal.
Roberto y María pasaron la mayor parte del tiempo quejándose el uno del otro.
Después de varios minutos, les pedí que mencionaran por lo menos una cosa buena de su matrimonio. Esto fue un ejercicio muy penoso para ambos, pues debido a la ceguera de la desafección, no podían ver nada positivo. “No hay ningún beneficio en esta relación”, dijeron al unísono. Sin embargo, luego aceptaron que aun no conocían el matrimonio según Dios, y reconocieron que ahí radicaba el problema.

Algunos de los beneficios divinos del matrimonio incluyen:
Ø  El ensanchar nuestra relación con Dios,
Ø  El fructificar como individuos.
Ø  Trabajar con nuestras diferencias hasta lograr una relación armónica.

No hay nada mejor que el matrimonio a la manera de Dios. Renunciemos a los mitos, tradiciones e interpretaciones erróneas acerca del matrimonio y volvamos a su diseño original.

“Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican.” (Salmo 127:1)

jueves, 28 de marzo de 2013

Honrando a la Persona Amada, Por: Helena Calderón


¿Cómo saber si nuestro matrimonio tiene la prioridad que merece?
¿Cómo darnos cuenta si el amor se está acabando?
¿Cómo honramos a nuestra pareja?
¿Damos a nuestro cónyuge el respeto que se merece?
La mayoría de parejas se casan teniendo grandes expectativas para su matrimonio y con desmesuradas ilusiones. Los mismos, en muchas oportunidades, no toman en cuenta las responsabilidades que el acto del matrimonio implica (cada uno debe asumir su parte al conformarse en cónyuge de su pareja). Frecuentemente, esta visión incompleta del matrimonio provoca que  en poco tiempo las expectativas se vuelvan en frustraciones y el encanto en desilusión.
Podemos observar con frecuencia que uno o ambos integrantes de la pareja no interiorizan el concepto integral del matrimonio, por lo tanto sus actuaciones continúan reflejando intereses individuales por encima del bienestar de la pareja. Este comportamiento no es consecuente con  el compromiso, libremente adquirido, al unir sus vidas en matrimonio. Por lo tanto esto origina una serie de conflictos que deterioran, en mayor o menor grado, la relación de pareja.
Es importante entonces, reconocer que nada ocurre por casualidad; toda forma de proceder tiene una causa y un efecto. Nuestras acciones no brotan espontáneamente, sino que responden a una decisión consciente, pero, con frecuencia, no lo suficientemente evaluada.  Aquilatadas o no, las decisiones que tomamos cambian el rumbo de nuestras vidas y las de otros a nuestro alrededor, haciéndonos adquirir compromisos.  En especial, cuando el ser humano decide unirse a su pareja bajo el pacto del matrimonio se compromete a respetarlo/a y procurar su bienestar.
Por lo tanto, es importante comprender de antemano los alcances que tiene  en nuestra vida este vínculo, cuyo fin último, según la perspectiva divina,  es el de proporcionar a los cónyuges una mejor calidad de vida.   Las parejas que se encuentran en vía de contraer matrimonio, y aquellas que ya están unidas y tienen el deseo de mejorar su relación, deben visualizar un horizonte juntos en el que se compartan, entre otras cosas, metas a corto y a largo plazo, en un ambiente de respeto mutuo, en el que la prioridad sea siempre el beneficio de la pareja, sobre el interés individual. 
Si a lo señalado en las líneas de arriba no se le presta atención, es muy probable que los cónyuges vivan sin rumbo ni compromiso, creando una confusión similar a la que se produce en un equipo de fútbol en el que cada miembro sigue su propio rumbo sin respetar su posición ni la de los demás. En tal situación todos procurarían ordenar y delegar sin tener responsabilidad ninguna, tratando de obtener su propia satisfacción.
Esta falta de unión y visión conjunta es una de las mayores causas de separación de los matrimonios, ya que impide a los cónyuges desarrollar sus vidas paralelamente en armonía, a partir del respeto mutuo y el establecimiento de prioridades consecuentes con el vínculo matrimonial.
Para iniciar o fortalecer una relación matrimonial, sin duda alguna, se hace necesario asumir nuestro compromiso con responsabilidad honrando a nuestro cónyuge.  Será el principio más importante para construir una relación saludable y satisfactoria para ambos.
Recordemos que el tiempo y el esfuerzo que invertimos en una relación, evidencia el valor que le otorgamos,  priorizar nuestra relación conyugal nos dará resultados excepcionales en nuestra vida individual y de pareja.

Tips
Ø  Fortalezcamos nuestra relación con Dios para así poder fortalecer las relaciones con el prójimo.
Ø  Demos a nuestro cónyuge prioridad en nuestra vida.
Ø  Seamos siempre honestos y transparentes. 
Ø  Seamos siempre  buenos amigos o amigas de nuestra pareja; la amistad en la vida matrimonial va a prevalecer en contra de la rutina.
Ø  Respetemos los espacios que se comparten juntos para conocerse y alimentar el amor.
Ø  Decidamos desde el principio que el divorcio nunca ha de ser una opción.
Ø  Nunca nos gritemos uno al otro.
Ø  Aprendamos a dialogar sobre  cualquier tema con nuestra pareja, la confianza es un factor importante en cualquier relación, y es una manera de honrar.
Ø  Dediquemos tiempo de calidad juntos cada día.
Ø  Expresemos nuestra felicidad por la persona que está a nuestro lado y disfrutemos cada momento de lo que tenemos sin lamentarnos por lo que no tenemos.
No tratemos de cambiar a la otra persona,  el cambio empieza por nosotros mismos.

domingo, 24 de marzo de 2013

El Valor de la Fidelidad, Por: Sixto Porras


Recuerdo la experiencia de Carlos. Todos sus compañeros hablaban de su última aventura sexual, de la forma en que habían tenido que mentir para justificar su ausencia, y de cómo el coqueteo terminó en una aventura. “Hoy nos veremos nuevamente, argumentó Carlos”, refiriéndose a la segunda cita que tendría con la persona que había conocido la semana pasada. Una vez más tendría que mentir, ocultarse, tener temor a ser descubierto, simplemente para vivir 5 minutos de placer. Placer que una vez satisfecho, perdía su encanto. Él pensó que engañaba a su esposa, sin darse cuenta que el engañado era él. No era ella la que tenía que ocultarse, la que tenía que mentir, la que tenía temor, no era ella la que arriesgaba la estabilidad de su familia.
Tiempo después lo encontré casualmente, su mirada era distante y su sonrisa se había apagado. Meditabundo exclamó: “Me ocurrió” -sorprendido le contesté; “¿Perdón?” “-Me ocurrió lo mismo. Ella se fue con alguien más joven que yo. Bueno, todo tenía techo de cristal”. Él se refería a que aquella aventura, que tenía fragancia de pasión, se convirtió en un temor que le atrapó. No solo había perdido lo que le había costado años construir –su familia-, sino que había quedado atrapado en la mentira de la infidelidad. 
Todos dejamos a nuestro paso una fragancia que nos identifica. Solo falta que las personas convivan con nosotros y al poco tiempo podrán describirnos. Hay que tener siempre presente que una de las mejores fragancias que dejan huella constructiva, es el ser conocidos como personas leales, fieles, consistentes, y de palabra. 
Como “caminantes que debemos hacer camino al andar”, tenemos la exigencia de ser fieles a la partitura que lleva nuestro nombre, porque quiérase o no, será imitada por quienes nos aman y sobre todo por las futuras generaciones. 
El mejor de los negocios que podemos hacer en la vida es ser personas fieles, porque así nos convertimos en personas confiables, vivimos en paz con nosotros mismos y con los demás. Por eso, es necesario recordar que el amor es más que un sentimiento, es más que una emoción pasajera, es un acto de la voluntad que se sostiene a través del tiempo con valor, determinación, perseverancia, detalles y una buena dosis de comunicación. Es un acto de la voluntad que produce los mejores sentimientos, que proporciona estabilidad y seguridad a la vida familiar. 
Para todos aquellos que anhelan ser fieles, les instamos a no poner la confianza en sus propias emociones. En la generalidad de nuestra existencia se experimenta que la atracción hacia la belleza física siempre estará ahí, la atracción por la aventura probablemente nos va a seducir, pero no podemos olvidar que la sensualidad tiene la particularidad de distorsionar la realidad y ocultar las consecuencias. Genera una reacción bioquímica que ciega la razón. Ante esta realidad, muchas veces insoslayable, la fidelidad debe sostenerse en el tiempo y más aún cuando somos conscientes de lo que está en juego. Lo primero que se pierde es la capacidad de amar, la seguridad del hogar, la paz interior, la confianza en las personas y la claridad para el desarrollo de nuestras habilidades. La infidelidad nos lleva al camino de la mentira, a la culpa que daña, a comprometer las finanzas. ¡No vale la pena ser infiel! 
Así como hay que pagar un alto precio por lo que vale mucho, igualmente hay que pagar un alto precio por la paz interior, por la felicidad de la familia, por lo que es justo, por hacer valer la promesa compartida en los votos matrimoniales.
Nos casamos para ser fieles el uno al otro, para acompañarnos en las buenas y en las malas, en salud o en enfermedad, en riqueza o en pobreza y hasta que la muerte nos separe. 
Cuando somos fieles a la persona que amamos, somos fieles para con nosotros mismos y para con los demás, porque, ¿quién es el que se tiene que ocultar? ¿Quién es el que tiene que mentir? ¿Quién es el que tiene sentimientos de culpa? ¿Quién es el que tiene temor? ¿No es acaso la persona infiel? Lógicamente, toda la familia sufre, y las víctimas más sensibles son los niños. No obstante, quien pierde la paz, la confianza y el respeto de los suyos es la persona infiel. ¡No vale la pena ser infiel! 
Ahora bien, La fidelidad se protege asumiendo la responsabilidad de nuestra palabra. Cuando somos infieles nosotros somos los únicos responsables. No podemos creer que alguien nos indujo: es necesario asumir la responsabilidad de nuestros actos. La fidelidad se protege manteniendo una buena comunicación con nuestra pareja, siendo amigo o amiga de la persona que amamos, cuidando los detalles, admirando y respetando. Debemos aprender a luchar con la rutina, y con el cansancio extremo. Debemos resolver los problemas pendientes, y pasar tiempo a solas con la persona amada. El matrimonio se protege con pequeños detalles, pero, sobre todo, decidiendo ser fiel al pacto matrimonial. Disfrutemos de nuestra intimidad sexual y deleitémonos con la persona que amamos, con la que construimos una relación de amistad y compañerismo: nuestro cónyuge. El amor no crece por sí solo, el amor se cultiva, se protege y se alimenta. 
Un matrimonio que es fiel permite que sus hijos crezcan en un ambiente de seguridad emocional, donde se saben amados, valorados y apreciados. Estos elementos son necesarios para el buen desarrollo de los niños. Los hijos que han visto a sus padres respetarse y ser fieles el uno al otro, ven a la familia como el lugar al que siempre pueden regresar en sus mentes para inspirarse, les es más fácil respetar a sus hermanos, reconocer a la autoridad y relacionarse con seguridad a la hora de construir su propio proyecto matrimonial. 
En el desarrollo de la vida matrimonial, es necesario recordar que no solo construimos nuestra felicidad, sino que también estamos colocando los fundamentos para que nuestros hijos y nietos construyan la suya. Aquí cabe señalar las preguntas que permanentemente nos impelen: ¿Qué legado estamos dejando a las próximas generaciones? ¿Estamos abriendo caminos de esperanza, o impulsamos a un mundo de duda, sospecha y temor? Debemos vivir de tal manera que abramos camino a la esperanza para la generación que toma ejemplo en nosotros. 
Fiel es la persona que corresponde a la confianza puesta en ella. Es una persona que vive conforme a la palabra comprometida y a las normas que promulga. La fidelidad es consecuencia de una relación entre dos personas libres, que se saben seguras de sí mismas y de los que aman. Personas con una sana autoestima y deseosos de construir un futuro estable. 
La práctica de la fidelidad en nuestra mente y en nuestras acciones nos dará paz y posibilitará espacios de realización y vida plena. El sabio Salomón nos aconseja acerca de cómo disfrutar nuestra sexualidad con libertad, paz y seguridad: (Proverbios: 5:18-19 NVI) “… ¡Goza con la esposa de tu juventud! Es una gacela amorosa, es una cervatilla encantadora. ¡Que sus pechos te satisfagan siempre! ¡Que su amor te cautive todo el tiempo!”. 
Tanto para hombres como para mujeres, es esta calidad de vida la que da realización personal a los que viven una relación de pareja, la que no produce temor, ni angustia. La fidelidad se debe proteger desde las emociones y los pensamientos, ya que es ahí donde somos atacados. Así que, cuidemos nuestras emociones y nuestros pensamientos, lo que vemos y lo que escuchamos, porque es donde se origina la capacidad de ser fieles, leales y comprensivos. 

Consecuencias de la Infidelidad
Ø  Conduce a una pérdida de la confianza.
Ø  Se torna mentiroso/a y pierde credibilidad.
Ø  Se afectan las finanzas.
Ø  Se arriesga a perder el amor y respeto de quienes nos aman.
Ø  Produce sentimientos de soledad y culpa.
Ø  Pone en riesgo nuestro proyecto de vida

Las personas fieles
Ø  Son seguras de sí mismas.
Ø  Tienen relaciones interpersonales saludables.
Ø  Inspiran respeto y confianza.
Ø  Se sienten amados y confían en los demás.

Un matrimonio a prueba de aventuras
Es muy probable que en un matrimonio ambos se amen con sinceridad, y ninguno de los dos esté pensando en ser infiel, sin embargo, no es cierto que la infidelidad sea imposible. Es un mito pensar que si amamos a nuestra pareja, no seremos tentados ni atraídos por alguien del sexo opuesto. La fidelidad hay que protegerla y cuidarla.
¿Por qué es fácil ilusionarse con una persona extraña que se presenta interesada, amable, atractiva y sensual? Pues porque la novedad excita y oculta las imperfecciones y las consecuencias.
Los sentimientos hacia una persona del sexo opuesto se pueden desarrollar cuando nos encontramos en contacto frecuente, cuando comenzamos a escribir con regularidad, o cuando le llamamos todos los días. En estas situaciones existe la oportunidad de que se desarrollen la atracción, el afecto y el cariño. Puede ocurrir entre compañeros de trabajo, amigos íntimos, vecinos, o entre jefe y subalterno. Puede parecer muy natural, casi irresistible y “¡muy correcto!”
Es muy importante conocer nuestra vulnerabilidad y ser preventivos. 

Algunos factores que estimulan la atracción y aceleran la química del cuerpo:
Ø  La fragancia del cuerpo.
Ø  La apariencia física.
Ø  Una persona muy sociable.
Ø  Una persona intelectual.
Ø  Una persona atenta.
Ø  Una situación de dolor y alguien que consuela.
Ø  La exposición a la pornografía.

    Escuchemos las señales de alerta que indican peligro, y aunque no ha ocurrido nada malo aún, huyamos mientras aun hay tiempo, busquemos ayuda y hablemos con nuestro cónyuge. 

¿Cómo proteger nuestro hogar de la infidelidad?
Ø  Reconociendo cuándo nuestra vulnerabilidad se encuentra amenazada por la atracción. Por ejemplo, queremos ver a alguien que nos agrada mucho, recibir y hacer llamadas frecuentes, sentimos que nos hace falta ver y hablar con esa persona. La atracción lleva a la cercanía, la cercanía a la confianza, la confianza a la fantasía y ésta despierta deseos incontrolables y los deseos llevan a la consumación y la consumación al lamento, a la pérdida y al desequilibrio emocional.
Ø  Si nosotros mismos, o nuestros amigos perciben comportamientos inadecuados de parte de alguna persona, o perciben una situación que podría llevarnos a ser infiel, no desestimemos estas advertencias y tomemos medidas inmediatas.
Ø  Tengamos amigos que protejan nuestro matrimonio. Atendamos consejos y recomendaciones.
Ø  Con nuestra pareja, persigamos intereses comunes, cultivemos sueños familiares y mantengamos proyectos juntos.
Ø  Cuidemos la privacidad de nuestro hogar.
Ø  Aprendamos a divertirnos y a jugar juntos.
Ø  Seleccionemos bien nuestros amigos. Si estos nos estimulan a la deslealtad, mejor alejémonos.
Ø  No frecuentemos lugares que estimulan la lujuria.
Ø  Recordemos que la novedad excita y oculta las imperfecciones. La atracción estimula la ilusión y la ilusión oculta la realidad.
Ø  Cultivemos una buena, franca y profunda comunicación con nuestro cónyuge.
Ø  Debemos ser conscientes de que nuestros sueños y planes pueden obstaculizarse y verse truncados por una aventura.
Ø  Hagamos conciencia de que todo lo oculto saldrá a la luz tarde o temprano.
Ø  Resolvamos conflictos, desilusiones y no acumulemos resentimientos. Ninguno de éstos es excusa.
Ø  Renovemos continuamente nuestro pacto de fidelidad, lealtad, respeto, amor, confianza y comunicación.
Ø  Procuremos una vida sexual satisfactoria con nuestro cónyuge.
Ø  Todos deseamos intimidad; revelar nuestros sentimientos más profundos, sentirnos comprendidos, amados, aceptados, cuidados y respetados. Intimidad es más que sexo. Es la capacidad de tener una relación auténtica y llena de respeto mutuo. La intimidad se inicia en un encuentro emocional y se extiende a lo físico. Tengamos verdadera intimidad con nuestro cónyuge.
Ø  No hay matrimonio que no tenga dificultades. Por lo tanto, pareciera que todos tenemos una excusa para ser infieles. Es importante recordar que ningún cónyuge puede satisfacer todas las necesidades de su pareja. La fidelidad es una decisión unilateral. Una decisión que solo nosotros mismos, en forma personal, podemos tomar.

Valoremos lo que tanto nos ha costado. Seamos conscientes de que construir un hogar no es cosa fácil. Hagamos una lista de lo que más amamos de nuestra familia, de cuánto nos ha costado y de lo que perderíamos si fuésemos infieles. Tomemos una decisión inteligente.
Si hemos cometido un error, no tengamos temor en restaurar nuestra relación matrimonial. Todo se inicia con una palabra valiente; “perdón me equivoqué, volvamos a intentarlo.” Vale la pena ser fiel.