Visión y Misión

Visión.
Ser líder en la orientación y fortalecimiento de las familias dentro y fuera de la iglesia en la República Dominicana.

Misión.
Orientar a los miembros de la familia en el concepto de la verdadera relación y responsabilidad familiar para tener un hogar saludable, a través de la palabra de Dios.

Versículo del día

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jueves, 29 de marzo de 2012

01 - Mujer ideal vs mujer real - ¿Pueden existir las mujeres ideales? Por: Tanya M. Brizuela H.

Probablemente en algún momento de nuestras vidas hemos escuchado o leído sobre la noción de“mujer ideal”, sin embargo es posible que en pocas ocasiones nos detengamos a meditar sobre su significado. Según la Real Academia Española (2001), algo que es ideal es aquello que no existe sino en el pensamiento, es un modelo perfecto que sirve de norma en cualquier ámbito. A partir de este concepto, podríamos preguntarnos ¿Cómo es una mujer ideal? ¿Realmente pueden existir mujeres ideales?

Una mujer ideal podría entenderse como sinónimo de mujer perfecta. Si intentáramos describir una mujer de este tipo, podría salir de nosotros un sin número de preconcepciones que probablemente no coinciden con las características que definen a la mayoría de las mujeres reales. A estas nociones segregacionistas se les conoce como estereotipos, y estos influyen en nuestra forma de pensar y actuar, sin importar sexo o edad.

Uno de los agentes que influye en la formación de estereotipos, son los medios de comunicación masiva, un ejemplo de esto, es la experiencia de una madre, que entre preocupada y asombrada contaba una anécdota ocurrida con su hijo.

Ellos compartían frente al televisor, cuando su niño le preguntó “¿mamá, por qué no te ves como las mujeres de la televisión?”, la pregunta iba dirigida a su apariencia, sobre todo a su peso. Esta madre es delgada, tiene un peso con el que ella se siente cómoda consigo misma, sin embargo, como la mayoría de la población femenina de la vida cotidiana, no es tan delgada como las mujeres que se presentan en la televisión.

El ejemplo anterior, es una ilustración de cómo los medio de comunicación y la sociedad en general, van formando en cada uno de nosotros nociones de cómo deben ser las personas, cómo se deben vestir, cómo deben hablar, cómo deben pensar. Con la noción de lo que es ser mujer, sucede lo mismo; alrededor del concepto de mujer, existen muchas ideas preconcebidas que señalan cómo debería comportarse una para ser “una buena mujer”.

domingo, 25 de marzo de 2012

01 - El perdón y la sanidad emocional “Heridas no resueltas en nuestro corazón”, Por: Elizabeth Canales

Todas las personas en algún momento de la vida han sido lastimadas, heridas o dañadas con o sin intensión, y muchas de ellas están tratando de olvidar un pasado difícil para poder seguir adelante. Creen que si lo encierran en una caja para siempre, ya no estorbará en su camino. Lo que no saben es que ignorar un pasado no significa que éste haya sido sanado. Todas las experiencias difíciles de la vida ─aun cuando hayan ocurrido hace décadas─, si no son resueltas apropiadamente, dejarán heridas abiertas que influirán en las decisiones que se tomen.

Los traumas y las heridas del pasado controlarán constantemente su comportamiento hacia los demás. Especialmente, en situaciones similares o en aquellas que tocan las áreas lastimadas de su corazón. En realidad, la verdad es que cada vez que atacamos a alguien que nos hirió, volvemos a abrir la herida y nos lastimamos ante todo a nosotros mismos.

Además, los seres humanos tenemos formas peculiares de resolver los conflictos: ignorándolos o pagando con la misma moneda, lo cual, en realidad solo empeora las cosas. Por eso, es muy importante identificar las heridas para poder sanar la raíz del problema. La forma en que nos comportamos, muchas veces, responde a las heridas no resueltas en nuestro corazón.

Para esto debemos identificar los comportamientos que hemos adquirido. Algunos de ellos son:

La autoconmiseración o lástima de sí mismo: la mayor parte del tiempo se vive lamentando de lo que le sucede, siente lástima de sí mismo. Esta actitud le lleva a magnificar su dolor (ver las cosas más grandes de lo que son). Su manera de pensar se distorsiona, y lo que ve o siente le parece real. Se dice frases en su mente como: “Nadie me quiere”, “A nadie le importo”, “Nadie está pendiente de mí”, “Mi vida nunca va a cambiar”. Esta forma de pensar produce un mayor dolor dentro de uno y le convence de que esa es su realidad.

Autojustificación: justifica sus reacciones con los actos de los demás. Por ejemplo, “Lo hice en defensa propia”, “Él inició la pelea, yo solo me defendía”. Esta conducta lleva a ver solamente las faltas de los otros, en vez de los errores de su carácter.

Culpar a otros de sus decisiones: no acepta las responsabilidades de sus decisiones o de sus actos. Por ejemplo: “Lo hice porque ellos me dijeron que lo hiciera”, “Si ellos no hubieran insistido, yo no lo hubiera hecho”, haciendo responsables a otros.

Negativismo: es aquella persona que siempre espera lo peor. Tiene una actitud pesimista ante cualquier situación. Siente miedo de confiar en alguien, pues piensa que lo van a traicionar, aun cuando esta persona nunca le haya fallado. Cree que algo es demasiado bueno para ser verdad y que, de un momento a otro, lo malo saldrá a la luz. Por ello, prefiere alejarse antes de que eso suceda y así proteger su corazón. Cuando lo que realmente sucede es que se está privando a sí mismo de una vida plena, pues no hay ninguna garantía que eso malo suceda.

Amargura: hay una actitud de enojo hacia todos y hacia todo. Le cuesta ser amable. La vida es de color gris. No hay alegría dentro de su interior y no le gusta verla en los demás. Se vuelve una persona pesada, escondiéndose detrás de pensamientos como: “No me importa lo que otros piensan de mí”, “No necesito a nadie en mi vida”, “Si se molestan, lo siento por ellos”, o “Yo soy así y no puedo hacer nada para cambiar”. Todas esas ideas buscan negar la verdadera condición de su corazón y, a la vez, pretende sentirse fuerte al pensar de esa manera.

Mentira: se desarrolla para buscar aceptación, para evitar el dolor o el rechazo. Niega la verdad para no hacerse responsable de las consecuencias de sus actos y usa los probables errores de los demás para disculpar su comportamiento. Utiliza la mentira para buscar aceptación, pretendiendo ser lo que no es, por lo que inventa algo sobre sí mismo para impresionar a otros, sin darse cuenta de que todo esto es producto de una baja autoestima

El ignorar las circunstancias no evita que hayan sucedido, y el pagar con la misma moneda nunca sana el dolor de la herida, sino que da más sed de venganza.

02 - El perdón y la sanidad emocional “Razones que no me permiten perdonar”, Por: Elizabeth Canales

Razones que no me permiten perdonar:

1. Algunos dicen que no lo sienten y no pueden hacer algo que no sienten, pues no sería sincero ni honesto. Así que no perdonarán hasta no sentir el deseo de hacerlo.

2. Creen que perdonar es como decir que estuvo bien lo que les hicieron.

3. Otros dicen que es totalmente injusto perdonar, pues la persona no se merece el perdón.

4. Piensan que si toman la decisión de no perdonar solo así se hará justicia. Esto lleva a considerar que, si se perdona, básicamente, se está perdiendo la esperanza de ver que se haga justicia. Esta es una de las razones más fuertes por la que las personas se aferran a no perdonar. Esto es un deseo de venganza, disfrazado en el término de “justicia”.

5. Otros no perdonan, como un mecanismo de autoprotección, porque creen que solo así podrán permanecer alertas a que no les vuelva a pasar algo similar. Consideran que, al perdonar, bajarán sus defensas y se volverán vulnerables.

Para otros, el perdón parece favorecer al victimario y no a la víctima.

03 - El perdón y la sanidad emocional ¿Cómo el perdón puede sanar tu vida?, Por: Elizabeth Canales

Cuando hemos identificado las heridas el mejor remedio para sanar es el perdón. El Dr. Dick Tibbits lo define como: “El perdón es el proceso de redefinir nuestro enojo y las heridas del pasado, con la finalidad de recuperar la paz en el presente y revitalizar nuestro propósito y esperanzas para el futuro”.

1. El perdón deberá ser una decisión no basada en emociones, sino en lo que es correcto hacer. No sucede de manera automática ni cuando otra persona cree o insiste en que debería suceder.

2. El perdón dice que no está dispuesto a permanecer herido por el pecado o el error de otros. Sin embargo, el perdón requiere práctica y la práctica requiere tiempo; el perdón casi nunca se logra en un solo intento.

3. El perdón no está ligado al cambio de la tercera persona, sino a la decisión que usted toma para vivir libre de dolor.

4. El perdón reta a cambiar su forma de pensar y a reducir las distorsiones que tuercen su visión de la realidad.

5. Perdonar no significa justificar o dejar libre de responsabilidad a quien cometió la falta, el perdón es la puerta que usted cruza para que Dios, de una forma sobrenatural pueda sanar y restaurar su corazón para permanecer en libertad.

6. Una persona que se aferra a la ofensa, no deja que nadie entre, pues ve a las personas como una amenaza, tiende a mantener relaciones superficiales, se le hace difícil amar y ser amada, tiende a desconfiar en la honestidad o sinceridad de los demás. Esto último hace que sea una persona solitaria y con una gran necesidad de ser amada. Pero la mejor manera de proteger su corazón es soltar la ofensa, a través del perdón y, así, recibir la sanidad de Dios a nuestro dolor.

7. La falta de perdón es igual a una cárcel invisible que lo mantiene preso en las heridas del ayer, dejando que la ofensa continúe dañando su vida. El perdón le da el poder para quitar el dolor del daño que le han hecho a su corazón y usted es el que resulta más favorecido.

Estos consejos nos pueden llevar a vivir una vida más saludable y placentera. Muchos de ellos serán un proceso en nuestra vida en la medida que identifiquemos las heridas que llevamos dentro para cambiar los patrones de comportamiento que hemos adquirido y tener mejores relaciones intrapersonal e interpersonal.

04 - El perdón y la sanidad emocional “Los diez principios del perdón”, Por: Elizabeth Canales

El perdón comienza cuando usted…

1. Acepta que la vida no es justa y que otros pueden jugar con reglas distintas a las nuestras.

2. Deja de culpar a otros por sus circunstancias.

3. Entiende que no puede cambiar a la persona que le hirió; solo puede cambiar a sí mismo.

4. Reconoce la ira y el dolor que le está causando algún hecho desagradable o hasta dañino.

5. Transforma su historia de dolor, su “historia de agravio” al colocar los hechos dolorosos en un contexto más amplio que su actual punto de vista.

6. Reconoce que solo usted puede decidir perdonar.

7. Cambia su visión del ofensor al decidir con humildad identificarse con la situación de su vida.

8. Transforma a propósito el descontento en contentamiento.

9. Entiende que el perdón necesita de tiempo y no puede apresurarse.

10. Asume la responsabilidad por su vida y su futuro.

jueves, 22 de marzo de 2012

Pautas para una mejor comunicación, Por: Luis Diego González Chávez

1. El momento.

No todo momento es el indicado para hablar temas de importancia, más aún si son quejas, deseos, preocupaciones o diferencias de opinión. Así por ejemplo, si alguno de los dos cónyuges recién llega de un largo día de trabajo, después de transitar de regreso al hogar por las calles repletas de automóviles, y además ha sufrido algún percance durante el día, tal persona no estará en la mayor disposición de sentarse a conversar temas delicados, complejos o estresantes a su llegada al hogar.

Por lo tanto, las metas del diálogo que se establezca en un momento como este no se alcanzarán en lo más mínimo, e inclusive se agregará tensión al asunto que se está discutiendo. Lo ideal es esperar unas cuantas horas a que el cónyuge haya reposado y el ambiente familiar sea apto.

2. El lugar.

Elija muy bien el lugar para conversar temas de gran importancia, no son buenos lugares la sala donde se pasean los niños, ni la cocina mientras alguno prepara o ingiere alimentos, ni junto al teléfono (descuélguelo), o frente a una puerta abierta con vista a la calle.

El lugar correcto debe contar con privacidad, sillas y mesa (no en la cama) para concentrarse mejor en la buena comunicación y la posibilidad de evitar todas las interrupciones posibles.

3. Las palabras.

Escoja bien las palabras, no use expresiones ofensivas o insultos, ya que definitivamente ya no se estaría atacando el problema, sino a la persona. Existe el buen arte de escuchar y el buen arte de hablar, a la hora de hablar asegúrese que la otra persona percibe que usted señala sus necesidades y deseos, y no que señala sus defectos o errores.

Cada uno es experto de sí mismo, y no del otra persona, evite decir expresiones como: ¡Aunque no me lo digas, sientes esto!, ¡Yo se que es exactamente lo que estás pensando! etc…

Recuerde: las palabras, el lugar y el momento adecuado son pautas para una mejor comunicación. Al hablar claro e interesarse por el bienestar del otro, la pareja puede resolver diferencias y llegar a consensos.

Sanando las heridas del matrimonio, Por: Jesús Rosales

La mayoría de seres humanos que dan inicio a la vida matrimonial lo hacen con la expectativa de que en el transcurso de los años la relación de pareja sea fortalecida y la comunicación conyugal permita superar cualquier dificultad que se presente. Sin embargo la afirmación “en las malas y en las buenas”, pareciera haberse dejado de lado, sobre todo cuando los conflictos, las diferencias y las crisis surgen, dejando a su paso lesiones con efectos profundos y permanentes.

Cuando se habla de heridas en el matrimonio, se suele evocar aquellas que permanecen después de una fuerte discusión, al haber recurrido, uno o ambos miembros de la pareja, a gritos, ofensas u otras expresiones de violencia emocional y aún física. Es frecuente también encontrar heridas, cuando la pareja ha vivido humillaciones e infidelidad, entre otras cosas.

Sin embargo, muchas veces las lesiones aparecen y se profundizan con el pasar del tiempo casi sin darnos cuenta. Especialmente esto ocurre cuando la pareja se ha ignorado mutuamente, desatendido, descalificado o ha recurrido a otras formas de respuesta inadecuada ante los dificultades del matrimonio, que pueden o no desembocar en conflictos aún mayores.

Otra forma en que pueden surgir las heridas en el matrimonio, tiene que ver con las expectativas que cada uno tiene antes de constituirse en pareja, y la desilusión que representa confrontarse con una realidad distinta. De igual forma, cuando las pequeñas diferencias no resueltas, la rutina, el abandono y la falta de interés van marcando o determinando una actitud que se prolonga en el tiempo, la distancia en la vida conyugal se empieza a imponer y es frecuente que de por esta situación se produzcan lesiones que pueden conducir a permanentes heridas que causan mucho dolor y fricción en la relación matrimonial.

Los recuerdos dolorosos hacen que tanto en los aspectos personales, como a nivel de la relación de pareja, el ser humano tienda a estancarse y no logre desarrollar sus propias habilidades. Las heridas provocan pesar, porque son resultado de sentimientos de amargura, tristeza, frustración y, en algunos casos, de ira e impotencia. Estas van afectando los pensamientos y los sentimientos, y pueden acompañar a la persona durante mucho tiempo, aun cuando la situación del pasado aparentemente pareciera ser superada.

Las heridas no sanadas impiden el establecimiento de nuevas y positivas actitudes y relaciones. Hacen aflorar la inseguridad, la desconfianza, la duda, el temor y la soledad. Pueden hacer que la pareja sea prisionera de eventos o situaciones del pasado e impedir que puedan ver el porvenir con esperanza, ánimo y alegría.

Un aspecto importante para iniciar el camino hacia la sanidad en las relaciones matrimoniales, es no negar lo que se siente. En algunas ocasiones las personas que tratan de ocultar sus lesiones emocionales o recuerdos que le entristecen, lo único que logran es prolongar y profundizar sus heridas. Al reconocer el evento o situación que nos ha lastimado, estaremos dando el primer paso para la superación de la situación que nos lastimó.

Debemos tener en nuestros pensamientos, emociones y sobretodo en nuestra voluntad, el propósito de soltar los acontecimientos o circunstancias del pasado que nos lastimaron. Esta decisión (dejar atrás el pasado), conlleva una decisión de perdonar y perdonarnos y aunque el perdón puede parecer en un principio, no ser algo que se sienta en el corazón, si se mantiene como decisión, paulatinamente se irá incorporando a nuestras emociones. Una herida emocional o física, no se olvida fácilmente, pero al “cicatrizar” el evento pasado, se recuerda sin dolor. Es así como el perdón permitirá ir sanando el corazón de las personas heridas, posibilitando iniciar el camino para la superación de cualquier escenario adverso que haya marcado a los que conforman una pareja.

Para sanar las heridas del matrimonio se debe asumir la decisión de perdonar, sabiendo que esto se logra mediante un proceso que toma tiempo, por lo que cada persona debe tener paciencia y perseverancia. No se debe olvidar que el primer paso, está en identificar lo que nos ha causado el dolor y no dejarlo profundizar en el transcurso del tiempo.

Cada pareja debe resolver oportunamente aquellas cosas que les lastiman, para que no se conviertan en heridas permanentes, sólo así podrán disfrutar de una vida matrimonial de paz y libertad.

Para recordar

- Las heridas no sanadas impiden el establecimiento de nuevas y positivas actitudes y relaciones. Hacen aflorar la inseguridad, la desconfianza, la duda, el temor y la soledad.

- Al reconocer el evento o situación que nos ha lastimado, estaremos dando el primer paso para la superación de la situación que nos lastimó.

- El perdón permitirá ir sanando el corazón de las personas heridas.