Visión y Misión

Visión.
Ser líder en la orientación y fortalecimiento de las familias dentro y fuera de la iglesia en la República Dominicana.

Misión.
Orientar a los miembros de la familia en el concepto de la verdadera relación y responsabilidad familiar para tener un hogar saludable, a través de la palabra de Dios.

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jueves, 12 de enero de 2017

03/03 - El Matrimonio, Por: Dra. Eva Nieves

Desventaja del estilo de vida Homosexual.

 Tienen más depresión, ansiedad y delirio que la población general.

Es causa de tremendo sufrimientos, especialmente en su propia familia.

Reduce la esperanza de vida.

Se enferman con más frecuencia de cáncer de colon y hemorroides.

Se contagian más fácilmente del virus VIH y Hepatitis B.

Puede haber ruptura del esfínter interno del ano.

miércoles, 11 de enero de 2017

02/03 - El Matrimonio, Por: Dra. Eva Nieves

Factores que favorecen la homosexualidad:

Haber sido víctima de un abuso o violación.

Haber vivido con una madre muy sobre protectora y un padre muy aislado.

Ausencia del progenitor de su mismo sexo, o de un modelo adecuado.

La llamada educación no sexista.

martes, 10 de enero de 2017

01/03 - El Matrimonio, Por: Dra. Eva Nieves

El Matrimonio
Es toda unión de un hombre y una mujer manifestada formalmente a través de un consentimiento, reconocida por el Derecho y tendente a una plena comunidad de vida. Su fin es doble, ya sea conseguir un reconocimiento social, cultural o jurídico, y la fundación de una nueva familia.

Debe ser ejecutado por personas con las siguientes características

Capacidad de sustentarse a sí mismo y sustentar a otro.

Capacidad para entrar en intimidad.

Capacidad de manejar su soledad.

Responsabilidad recíproca.

Capacidad de dar y recibir caricias.

lunes, 9 de enero de 2017

04/04 - El Noviazgo, Por: Dra. Eva Nieves

Razones inadecuada para mantener un noviazgo

Admirar a una persona no significa estar enamorado.

Sentimientos de compasión.

Sentimientos de culpa.

Postura de salvador.

La última oportunidad.

domingo, 8 de enero de 2017

03/04 - El Noviazgo, Por: Dra. Eva Nieves

Ingredientes para una primera cita con el sexo opuesto:

Mantén un equilibrio entre lo que hables y escuches.

Deja para más adelante conversaciones profundas. No hables en una primera cita de sexo, religión, política, desengaños, problemas personales.

Diseña un plan para pasarlo bien y divertido.

Planifica una cita corta.

Selecciona un lugar seguro, íntimo, pero nunca solitario. Este debe ser conocido por ambos, sino lo conoce busca referencias acerca del mismo.

sábado, 7 de enero de 2017

02/04 - El Noviazgo, Por: Dra. Eva Nieves

Ingredientes para una primera cita con el sexo opuesto:

1. Puntualidad.

2. Procure que esa cita se lleve a cabo con una persona que profese tu misma fe.

3. Ir vestido adecuadamente.

4. Escoge un tema simple, pero divertido.

5. Haz cumplidos, pero no te pases.

viernes, 6 de enero de 2017

01/04 - El Noviazgo, Por: Dra. Eva Nieves

Amistad espacial: es aquella que surge entre dos personas del sexo opuesto que cultivan relaciones afectivas que pueden conducir al amor, al noviazgo y al matrimonio.

La amistad sentimental comprende cinco etapas:
1. La amistad desinteresada: si la amistad surge de la amistad que se forma entre un hombre y una mujer.

2. La amistad se intensifica y adquiere una tonalidad sentimental: esta etapa de sentimentalismo incipiente puede adquirirse en tres fases: casual, especial y definitiva.

3. Pre-Compromiso: este es un concepto relativamente nuevo que se aplica al periodo que transcurre entre la amistad sentimental definitiva y el compromiso oficial que inicia el noviazgo.

4. Noviazgo formal: en el noviazgo, la pareja se compromete a casarse intercambiando algún símbolo de su compromiso mutuo, también anuncian públicamente su intención de casarse, concluyen su exploración de las personalidades y establecen una fecha para planear la boda.

5. El matrimonio: es la culminación del noviazgo. Lamentablemente del 40 al 50% de los noviazgos no se concretan en el matrimonio porque rompen prematuramente.

martes, 3 de enero de 2017

Deseo casarme – Tres cosas Importante

El amor no es un juego de lotería ni un golpe de suerte; es un descubrimiento y una elección.
No te dejes traicionar por la urgencia y las necesidades afectivas. Que se presente una persona, no quiere decir que sea la indicada. Lo primero no siempre es lo mejor.
Sergio Marquet, en su libro “Yo quiero un amor para toda la vida”, señala algunas claves para gozar de una relación sana y duradera.

1. Estar enamorado.

2. Tener metas comunes.

3. Aceptar los defectos y las virtudes.

lunes, 2 de enero de 2017

¿Cómo elegir a la pareja?

Después de recibir a Cristo en tu corazón, elegir la persona con quien pasarás el resto de tus días, es una de las decisiones más trascendentales de la vida. 
Según los Dres. Minirth y Meier, existen cuatro factores importantes que deberás considerar al buscar pareja:

Que esté creciendo espiritualmente.

Que trate a los demás con respeto.

Que haya conquistado su propia vida.

Que muestre actitudes saludables.

lunes, 10 de septiembre de 2012

¡Felices para siempre!, Por: Wilfredo Vólquez


Ser felices para siempre es la ilusión y el anhelo de toda pareja que decide embarcarse en este viaje llamado matrimonio. Solo que hay detalles que a veces no son tomados en cuenta, y que pueden impedir que este hermoso sueño se haga realidad. Como por ejemplo creer que sin ningún esfuerzo, sacrificio y doblegar nuestras personalidades pueden lograr ese sueño. Por esto deseo darles este consejo.

Dios el autor del matrimonio nos brinda dos claves que les ayudaran a ser ¡FELICES PARA SIEMPRE!

Primera clave
(Génesis 2:24) “Por eso el hombre deja a su padre y a su madre,  y se une a su mujer,  y los dos se funden en un solo ser.”

- Dejara: significa que la nueva pareja se aleje, sin olvidarse, de sus respectivas familias de origen. Es poner fronteras claras y definidas con sus familias de origen. Es separarse en lo físico, en lo económico, en lo emocional y en la toma de decisiones.

- Unirse: es la consumación del matrimonio en el acto sexual.

- Funden o fundirse y/o ser una sola carne: es el procedimiento que consiste en hacer desaparecer o aparecer lentamente una imagen, dejando de ser yo y convertirnos en nosotros.

Fundirse en lo sexual: implica estar de acuerdo en todo lo referente a este aspecto, es una sexualidad divertida y adornada con la fidelidad.

Fundirse en lo emocional: significa que cada cónyuge se preocupa de suplir las necesidades emocionales del otro. No tener que volver donde papá o mamá para llenar mi tanque emocional.

Fundirse en lo espiritual: es que tenemos la misma concepción de ideas o creencias, es estar de acuerdo en dirigir a los hijos con el mismo grupo de valores morales y cristianos.

Fundirse en lo funcional: es actuar en consenso en las decisiones, manejo del dinero, crianza de los hijos, en todo tipo de instancia y guardar toda confidencia.

Segunda clave
(1 Corintios 13:4-8) “El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. 5  No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. 6 El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. 7 Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 8 El amor jamás se acaba.”

Este tipo de amor, este que Dios desea que ustedes vivan, no es un sentimiento, es una decisión.

Manos a la obra y sean, ¡FELICES PARA SIEMPRE!

lunes, 27 de febrero de 2012

Decisiones sobre la sexualidad en el adulto joven, Por: Tanya Brizuela y Claire de Mézerville

Adulto joven en la actualidad

La población de jóvenes adultos solteros ha aumentado considerablemente en las ciudades. Hace apenas unas décadas. Era un sector invisibilizado e incluso estigmatizado. Sin embargo, esta percepción ha ido cambiando de acuerdo a la realidad socio-económica que se experimenta en las urbes. Hoy, se reconoce la existencia de este nuevo grupo etario, y sus particularidades en esta etapa de la vida.

Ahora bien, aunque no podemos generalizar la situación de vida de todas estas personas, sí podemos hablar de cualidades comunes que les distinguen como jóvenes adultos. Algunas características notorias son: edades que oscilan entre los 20 años y los 40, son económicamente activos, poseen autonomía de decisión, y han adquirido responsabilidades cada vez más complejas.

Actualmente, hay factores que han propiciado la consolidación de este grupo, uno de ellos por ejemplo, es el estudio, pues en una sociedad tan competitiva, hoy más que nunca, es de vital importancia forjarse una carrera profesional. Por esto, hay muchachos que invierten, después de alcanzar la mayoría de edad, de 4 a 5 años educándose; como consecuencia, se integran de manera formal a la población económicamente activa entre los 22 y los 25 años. Se empieza entonces a alimentar el currículo laboral, con el propósito de alcanzar una satisfactoria estabilidad económica que les permita vivir cómodamente, y a futuro, si se desea, formar una familia a la que se le puedan suplir las necesidades con calidad.

A pesar de que el matrimonio no es un parámetro único ni un reflejo inequívoco de adultez, lo cierto es que es implícitamente exigido como factor necesario para pasar de ser un “joven inmaduro” a un adulto reconocido como tal. Si sumamos a esto las presiones familiares, las metas personales a largo plazo y el temor a “el qué dirán”, podemos suponer que la etapa de soltería adulta tiene reveses que se manifiestan en las diferentes dimensiones de la vida de las personas.

La tiranía del deseo

Una persona puede estar soltera por diferentes motivos: por estar a la espera de la pareja adecuada; por postergar el acto matrimonial debido a los planes de realización personal; o que, por decisión propia, el no casarse se ha asumido como una opción válida y deseable. En la actualidad, podemos encontrar a este grupo de personas que, teniendo todos los “requisitos” para asumir la vida en familia, no lo han hecho, sino que más bien, han dejado de lado temporalmente, o de manera permanente, el acto matrimonial. Lamentablemente, no se puede dejar de lado, junto con el matrimonio, el deseo sexual.

El deseo sexual proviene de un proceso físico natural, característico de nuestra condición humana; es la necesidad de satisfacer un impulso biológico. Sin embargo, la canalización que se le dé a este impulso depende de: decisiones que se toman de manera consciente, vivencias pasadas que nos traen recuerdos estimulantes; por un reflejo corporal ante emociones gratificantes; o bien una combinación de estas. De acuerdo a las circunstancias particulares de cada individuo, satisfacer el deseo nos puede provocar una sensación de plenitud, o por el contrario, puede provocar un profundo sentimiento de frustración. Dios hizo la humanidad con sus características, tanto positivas como negativas, y el deseo sexual fue uno de los regalos que nos brindó con el don de la vida.

Por muchos años, hemos endosado la responsabilidad de los propios actos a otras personas, condenando muchos aspectos de la vida, cuando en realidad el problema ha sido el manejo que le damos a las herramientas personales que tenemos a la mano. Con el deseo sexual ha pasado algo parecido, hemos decidido que es más sencillo culpabilizar al deseo, y designarlo como pecado, aún cuando fue Dios quien nos dio la capacidad de sentirlo, en vez de asumir las consecuencias de nuestros actos y admitir que se han tomado malas decisiones. Es menos complicado concluir que es malo sentir deseo, en lugar de tomar las riendas de nuestro proyecto vital y aceptar que, a lo largo del tiempo, se han alimentado pensamientos que no son constructivos para nuestras vidas, o que se han tomado malas decisiones impulsivas o poco juiciosas. El deseo en sí mismo no es bueno ni malo, sólo es –sólo existe- y es parte de cada uno de nosotros.

El deseo sexual, a pesar de ser un impulso biológico, debe ser canalizado apropiadamente, al igual que lo hacemos con otros deseos que puedan percibirse como menos apremiantes. Las dificultades empiezan cuando no sabemos canalizar nuestros deseos, y los manejamos de manera inadecuada, o peor aún, cuando nos volvemos esclavos compulsivos de nuestras propias sensaciones, cediéndoles el timón de nuestras vidas.

Debemos administrar la gratificación sexual, y estar consientes de que éste deseo, al igual que otros sentimientos, no debe gobernar nuestra vida. La vida es más que sensaciones y emociones, y por lo tanto, no es prudente basar las decisiones importantes solamente en ellos. Pero bien manejado, el deseo es esa pizca de sabor que le da picante a la vida, y nos impulsa a alcanzar aquello que nos hemos propuesto: nos motiva a salir de nuestra comodidad con el propósito de alcanzar lo que queremos, y su encausamiento positivo o negativo depende de nosotros mismos. Pero equivocadamente, en ocasiones, se intenta llenar otros aspectos de la vida por medio de la satisfacción del deseo, de manera irracional, reaccionando impulsivamente a todo apetito, y el ámbito de nuestra sexualidad no es la excepción. Más bien, es el área en la que debemos manejarlo con mayor cuidado, ya que incide tanto en nuestra identidad como en nuestra relación con los demás.

Sexualidad y fe: contradicciones y silencios

Muchas personas caen, equivocadamente, en el intento de satisfacer necesidades afectivas o emocionales por medio del placer sexual. Basta con encender el televisor: nuestra sociedad actual apunta al sexo como moneda de intercambio para determinar nuestras posibilidades de ser felices y nuestra capacidad para merecer amor.

Cuando se aborda el tema de la sexualidad en adultos solteros que, además, asisten a comunidades de fe, es común enfrentar una importante cuota de culpa ante la contradicción entre la doctrina y el deseo sexual. Seguimos manejando el mensaje oculto –o no tan oculto- de que el sexo es malo y sucio. Este mensaje influye sobre las actitudes de hombres y mujeres que, si bien desean vivir su fe con integridad, enfrentan confusión, dudas y frustraciones.

Esta dicotómica visión de mundo (literalmente, partida en dos), nos lleva a sentir que el sexo es algo “que se hace, pero de lo que no se habla”. Así, es común hallar una ambivalencia entre placer y negación: si el sexo es placentero, pero reconocerlo nos hace sentir culpables, nos vemos en la necesidad de pretender que el sexo no existe; que no es parte de nuestras vidas, ni de nuestras iglesias.

Esta forma de pensar lleva a la gente a vivir una desintegración entre su fe y sus comportamientos más privados. Existen conductas especialmente problemáticas, como el sexo casual, la masturbación compulsiva –tanto en hombres como en mujeres-, así como la vida sexual “secreta” de parejas no casadas. Aunque todas estas personas participen de comunidades de fe que prediquen la postergación hasta el matrimonio, los comportamientos privados son tan difíciles de manejar, que se vuelven cada vez más secretos, más amenazantes y más incontrolables. Ignoramos como manejar con integridad las circunstancias sexuales de nuestra vida y acabamos trastabillando con desahogos esporádicos y muchísima culpa.

Una fragmentación así, entre lo espiritual y lo conductual, puede desembocar en la desvalorización de lo espiritual –“lo que dicen en mi iglesia no es cierto-“, o en una fragmentación de la integridad –“lo que dicen es cierto, pero me resulta imposible”-. Estos conflictos son especialmente difíciles de manejar, porque no pueden reconocerse por medio de la palabra, ya que el tema en sí está revestido de vergüenza.

Si, en el pasado, hemos optado por una vida sexual desordenada, vale la pena hacer un alto y reflexionar, más allá de la culpa, sobre el plan de Dios para nuestra vida y cómo nos encaminamos hoy día hacia nuestros proyectos.

Vale la pena preguntarnos:

• ¿Qué aportaron esas experiencias a mi vida?

• ¿Me han aportado una mejor calidad de vida en lo emocional?

• ¿…en lo espiritual?

• ¿…en lo relacional?

Cuando las relaciones sexuales no tienen trascendencia a largo plazo ni se enmarcan en un compromiso de por vida, necesitamos evaluar qué es lo que estamos buscando durante esta etapa; ¿qué necesitamos satisfacer como adultos, como cristianos y como personas que valoramos y dignificamos a nuestro prójimo?

Las interrogantes del proyecto de vida

En esta etapa es común experimentar la ansiedad que la soltería genera en muchos hombres y mujeres. Alexander Grant, especialista de Enfoque a la Familia, afirma: “Yo soy de los que propone que los hombres también tenemos un reloj biológico al igual que el de las mujeres, y que esta necesidad está ahí, y al igual que la mujer siente la necesidad de ser madre, creo que el hombre también siente la necesidad de ser padre, aunque no le toque llevar en su cuerpo a la criatura por nueve meses”.

La preocupación con respecto al proyecto de vida en el aspecto sentimental, es un tema vergonzoso para muchos, porque nos hace sentir vulnerables. El silenciamiento de la sexualidad no ayuda: nos hace desarrollar una vida afectiva caracterizada por la frustración y por la ansiedad. Sin bien es cierto que frecuentemente el matrimonio no es parte del proyecto de vida, existen muchas otras personas que sí desean casarse y tener hijos, aunque, debido a diferentes circunstancias, no han alcanzado aún el estado de vida que anhelan. ¿Somos capaces de reconocer que tenemos necesidades, no solo en lo sexual, sino en nuestra autoestima y en nuestro anhelo de forjar una familia? ¿Podemos aceptar que nuestro reloj biológico nos pide ser sexualmente activos, pero nuestras circunstancias y nuestra fe nos piden esperar?

Integridad: el mapa para la paz

Para empezar, es necesario que los jóvenes adultos, podamos reconocer y valorar al cuerpo y a sus sensaciones como don de Dios: Él hizo algo sagrado en el cuerpo, que debemos cuidar y administrar con amor y sabiduría. Si aprendemos a valorarnos, podremos reconocer nuestra sexualidad a la luz de nuestra fe: en forma genuina, realista y a la vez, espiritual. Necesitamos reconocer a Dios como un padre amoroso, y encontrar en Él, como Creador, a la Persona que nos conoce y acepta mejor que nadie, al autor de nuestra vida, que desea nuestra realización personal.

El deseo sexual no debería ser un “tirano” que gobierna nuestras acciones. Por el contrario, podemos proponernos educarlo de acuerdo con nuestro proyecto de vida. Esto requiere, primeramente, reconocerlo como parte del don de Dios y no como algo sucio o vergonzoso. Así podemos comenzar a aprender nuevas estrategias para administrar nuestro deseo sexual de acuerdo a nuestras convicciones humanas más profundas, canalizándolo apropiadamente por medio del fortalecimiento de la autoestima, un sentido de misión social-comunitario, así como una vida afectiva enriquecedora.


El vivir integralmente el amor a Dios, la dignidad del cuerpo y el valor de la sexualidad nos puede ayudar a alcanzar sanidad interior y paz. No es fácil: la vida adulta, actualmente, se caracteriza por el orgullo de la independencia y el espectáculo irreprensible de las hormonas. A eso podemos sumar el agravante de nuestros errores del pasado, los cuales nos hacen sentir que “no se podría esperar nada mejor de nosotros”. Sin embargo, todo comportamiento aprendido se puede desaprender: el primer paso consiste en tomar conciencia de nuestras necesidades espirituales y afectivas, buscando vivir ambas con integridad.